"España es algo bipolar: exagera la euforia y la depresión"
alan bar. embajador de israel en españa
-Criarse en un kibutz en los años sesenta debió ser como crecer en la Isla Utopía, pero rodeada de amenazas y violencia.
-Un kibutz es un sistema básicamente socialista en el que se comparten todos los recursos y se protege mucho a los niños. Crecí muy seguro, pero siendo consciente de que vivíamos en una región en la que había mucha gente a la que no le gustaba la existencia del Estado de Israel.
-¿Es usted sionista?
-Totalmente, pero quiero aclarar que el sionismo para mí es apoyar el derecho de autodeterminación del pueblo judío en su tierra natal. Soy un amante de la paz que ha hecho esfuerzos para construir un país en el que judíos, cristianos y musulmanes tengan los mismos derechos. Esto no es contradictorio con el sionismo de la manera que yo lo entiendo.
-El conflicto de Oriente Medio se ha convertido en una enfermedad crónica del sistema internacional. ¿Será posible que el Estado de Israel vuelva a las fronteras de 1947?
-No tienen por qué volver a ser exactamente las mismas, porque hay que tener en cuenta las nuevas poblaciones de judíos, pero creo que sí se puede negociar y avanzar en un acuerdo sobre nuevas fronteras. La ONU estableció en 1947 la solución de los dos estados, y eso debería conllevar que la mayoría de los judíos vivan en la parte judía y lo mismo con los palestinos. Eso sí, teniendo en cuenta que el 20% de la población del Estado de Israel es ya musulmana y que, por tanto, no hay por qué descartar la posibilidad de que también vivan judíos en el estado palestino.
-Usted fue en su momento uno de los promotores de las sanciones contra Irán, un estado que parece que ha entrado en una nueva senda y que tiene la voluntad de acercarse más a occidente. ¿Confía Israel en estas buenas intenciones?
-Nuestra interpretación es que ese cambio todavía no se ha producido, sobre todo en lo que se refiere al apoyo a grupos terroristas de la región, como Hezbolá y Hamas, y en su disposición a mantener el programa atómico. Es cierto que ha habido algún acercamiento a occidente en la lucha contra el Estado Islámico, pero tanto nosotros como los países musulmanes sunitas tenemos una gran preocupación con que se legitime a un Irán que continúa con sus políticas más problemáticas.
-¿Cómo interpreta Israel el surgimiento del llamado Estado Islámico?
-Nosotros lo interpretamos como un producto más de ese caos que fue denominado como la Primavera Árabe, un proceso que acabó con países fallidos y sin fuerza central. El Estado Islámico nos preocupa bastante, porque es un movimiento con el que es muy difícil dialogar y tiene una naturaleza caótica y dispersa: Yemen, Libia... en la propia Siria hay diferentes facciones y ninguna es un interlocutor responsable.
-Usted ya estuvo en España entre el 94 y el 98 como consejero de la Embajada. Ahora finaliza su estancia como embajador tras cuatro años de plena crisis. ¿Ha encontrado nuestro país muy cambiado?
-El cambio de humor de España por la crisis ha sido bastante notable. Cuando llegué en 2011 nos encontrábamos en la sima de la crisis y la gente tenía la sensación de que sus hijos iban a vivir peor que ellos. Ahora la cosa ha empezado a mejorar. Pero hay que admitir que España es un poco bipolar y exagera tanto la euforia como la depresión.
-Ya sé que es difícil pedirle a un diplomático sinceridad, pero inténtelo. ¿Qué es lo que le gusta menos de España?
-Me ha molestado que en algunos centros universitarios, culturales y políticos no exista la mínima disposición a escuchar a los demás. No es la mayoría, pero hay núcleos duros que impiden el diálogo. En las universidades de Israel hay gentes que apoyan a Hamas y otras de extrema derecha que mantienen debates muy duros, pero hay diálogo.
-El año que viene se cumplen 30 años del inicio de las relaciones diplomáticas entre España e Israel. ¿Qué es lo que aún queda por mejorar?
-Las relaciones están en muy buen camino, pero todavía no tienen la intensidad de las que tenemos con otros países del entorno: Alemania, Francia, Inglaterra. Israel todavía no ocupa el lugar que debería ocupar en el pensamiento del mundo académico y empresarial español, aunque en los últimos años se ha avanzado un poco.
-Hay personas que hablan de un repunte del antisemitismo en Europa. ¿Comparte usted esta apreciación?
-Yo, como representante del Estado de Israel, no he encontrado en España un rechazo por ser israelí. Ahora bien, creo que hay algunos discursos que tienen contenidos antisemitas, expresiones históricas que vinculan a los judíos a aspectos negativos.
-¿Qué le pareció lo del chiste sobre el holocausto del concejal Zapata?
-No conozco a este señor y puede que sea una persona maravillosa. Lo que me interesó fue la reacción pública ante la broma, porque dejó clara cuál es la línea moral que no se puede traspasar. No le voy a decir a la alcaldesa de Madrid lo que tiene que hacer, pero sí que este tipo de expresiones antisemitas son completamente inaceptables.
-Israel es un ejemplo de país que sabe optimizar su I+D+i, ¿cuál es su secreto?
-El primero, tener un alto nivel académico y empresas al lado de las universidades para realizar la transferencia tecnológica, convertir las ideas en patentes. El segundo captar capital riesgo, que definitivamente es el dinero para financiar la innovación. Israel ha creado en 25 años un mercado que empezó de cero y que ahora capta 30.000 millones de dólares. El tercero es el apoyo del sector público. Finalmente, es importante saber que Israel es un país muy informal, con poca jerarquía y un servicio militar que crea solidaridad y responsabilidad, capacidad de trabar en equipo y un compromiso de llegar al objetivo.
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