Ignacio Peyró | Periodista y escritor "De Julio Iglesias al reguetón hay un abismo antropológico"

Ignacio Peyró. Ignacio Peyró.

Ignacio Peyró. / Rita A. Tudela

Periodista y escritor, señala en su web el madrileño Ignacio Peyró (1980), que desde 2017 ejerce como director del Instituto Cervantes en Londres. Trabajó en La Gaceta y ha colaborado en varios medios escritos. Pasó por La Moncloa para escribirle discursos a Rajoy. Anglófilo declarado, publicó Pompa y circunstancia; de exquisito paladar, escribió Comimos y bebimos; ahora ha salido a la luz Ya sentarás cabeza (Libros del Asteroide), una sabrosa primera entrega de unos diarios de su etapa periodística entre 2006 y 2011, donde hace gala de un fina ironía y de una espléndida y amena literatura con referencias a muchísimos autores.

–Nacido en 1980. Tengo delante dos docenas de imágenes suyas de Google. ¿Cuándo decidió ser más viejo que su propio padre?

–¡No conoce usted a mi padre! Los españoles hemos sido siempre gente de continente grave. Por otra parte, leer y escribir no te convierte en surfero.

–Fuera de bromas. Es de la quinta de Pau Gasol, Sergio García, Alejandro Valverde y Xavi Hernández, pero con otras mañas...

–Todos excelentes deportistas. Literariamente, por suerte, mi generación viene muy bien, con una ventaja indudable: a la edad en que dejas el ciclismo, aún eres un jovencito en las letras.

Ya sentarás cabeza (Libros del Asteroide) alude a un final de juventud. Con 40 tacos y la sesera en su sitio, ¿cuándo recomienda irse del periodismo?

–Yo lo que recomiendo es que, quien pueda aguantar, que aguante. Un día estás abajo y al otro estás arriba.

–De la Santísima Trinidad del articulismo español sólo puede quedar uno. ¿Pla, Camba o González Ruano? Razone su respuesta.

–Pla, porque él solo es una literatura.

–Escribió Comimos y bebimos: ¿constata que la prensa es un gremio muy gorrón o es una leyenda negra?

–No vamos a quitarles una de las pocas prebendas que quedan en el oficio, ¿no?

–Si uno es de derechas, pues se dice y punto, ¿no?

–Valentí Puig ha señalado, en alguna ocasión, la sutil diferencia entre ser de derechas y ser conservador. El primero es, sobre todo, un rasgo sociológico: el haber acudido a determinados colegios, frecuentado algunos ambientes, pertenecer a ciertas familias... El conservadurismo, en cambio, surge como una visión particular de la condición humana.

–Juan Manuel de Prada, en cambio, afirma que "es una ofensa que me llamen conservador, soy tradicional". ¿Los echo a pelear?

–No, hombre. Lo admiro mucho, pero el conservador intenta salvar la plata de la casa mientras el reaccionario saca la lira ante el incendio.

–"Bastante brillante para ser un curita". Así lo define una cultureta andaluza.

–Es el elogio más español: no alabar sin perdonar un poco la vida. Pero los elogios hay que aceptarlos aunque vengan liftados.

–Comer, beber, fumar, leer y escribir. ¿Esos placeres colman una vida plena?

–Hombre, yo no diría que los placeres colmen la vida. La aligeran, la hacen amable, incluso -como en el leer y escribir- le dan un cierto propósito, pero colmar, colmar... la vida es bastante insaciable y hay que enseñarle a estar colmada cuando hay y cuando no hay.

"No alabar sin perdonar un poco la vida es el elogio más español, pero hay que aceptarlos aunque vengan liftados"

–Anglófilo y gurmé… Eso suena como ser fraile dominico en Arabia Saudí.

–No se crea. En Inglaterra se puede comer muy bien. Su cocina es mucho mejor y más interesante de lo que quiere el tópico.

–Ha estudiado a fondo y prologado la obra de Augusto Assía (Felipe Fernández Armesto). La Inglaterra de hoy, ¿es más martillo, más yunque o más capítulo en bucle de Benny Hill?

–La de "cuando yunque, yunque; cuando martillo, martillo" es una definición tan enrevesada como acertada. La conformidad estoica que pueden alcanzar los británicos es cosa digna de verse, en todo caso, y lo señalo porque es algo insospechado: horas encerrados en un avión, por ejemplo, sin una sola queja.

–¿Se repondrá usted del varapalo del Brexit?

–Lo tengo asimilado desde hace años. Lo importante o, al menos, lo práctico, viene ahora, y ahí habrá que estar finos para causar el menor daño posible al intercambio de personas, cultura, bienes.

–Amante de los fermentados y de los destilados, ¿constata que el agua todo lo oxida?

–Un amigo inglés, cada vez que en la mesa ofrecen agua, afirma rotundo que "water is for shaving!" ("¡el agua es para afeitarse!").

–Una vez escritos discursos a Rajoy, ¿por cuánto se plantearía fichar por Abascal?

–Yo ya el único discurso en el que pienso es en el de la entrada en la Academia.

–Su más entusiasta fan sureño pide que le traslade un reproche. ¡No se puede hablar bien de un progre de manual como Lassalle!

–Me cayó bien y así consta en Ya sentarás cabeza. La gente somos algo más que progres o no-progres. Es una persona inteligente y formada, con obra detrás y capaz de irritar y gustar a temperamentos muy distintos. Si esto fuera poco, además es amigo, y cómo vamos a hablar mal de los amigos.

–"No estoy dispuesto a pedir perdón porque me guste Julio Iglesias". ¿Atisba el salto a Rosalía y al reguetón?

–Ahí me temo que no voy a llegar ya. Pero es que de Julio Iglesias al reguetón hay un salto –o un abismo– antropológico.

–Con los cirios que ha formado la Familia Real británica y no peligra la Corona...

–Quizá sea que, como dijo Scruton, la Corona representa "ese trabajo de la imaginación para encarnar en el aquí y ahora todas esas misteriosas ideas de autoridad y derechos de la historia sin los cuales ningún lugar de la tierra puede llamarse hogar".

–"El problema de la torre Pelli es que esté en Sevilla, para alzar la idea mediocre a idea criminosa". ¿Cuándo se hermana macareno?

–Sevilla es uno de los lugares importantes en el mundo y, sin duda, de los más hermosos. Yo procuro ir cuanto puedo y no me importaría pasar allí unos meses al año. Los no sevillanos tenemos con ustedes la deuda de que no se hayan cargado una ciudad que rebosa belleza y carácter.

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