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Francisco Vázquez Cardoso | Gerente de Praysa "La mayoría de los vecinos suelen ser personas sensatas"

"La mayoría de los vecinos suelen ser personas sensatas" "La mayoría de los vecinos suelen ser personas sensatas"

"La mayoría de los vecinos suelen ser personas sensatas" / p. n.

Un estudio encargado por José Chamizo en 2010 reveló que, en Andalucía, había 170.000 personas prisioneras en sus propias viviendas por no tener ascensor. La suegra de Francisco Vázquez (Barcelona, 1970) era una de ellas y éste se sumergió en el infierno de la burocracia para conseguirle la subvención pública. Tras esa grata experiencia, decidió dejar su trabajo fijo en un banco para fundar Praysa en 2006, una empresa que está presente en las ocho provincias andaluzas y es referente nacional en su sector. Próximamente, construirá 135 nuevos ascensores que mejorarán la calidad de vida de 3.000 personas.

-Hace 12 años, dejó usted un puesto de trabajo fijo en un banco para enfrascarse en una empresa social...

-En una época de pleno boom inmobiliario, dedicarse a rehabilitar edificios para personas con escaso nivel adquisitivo era ir a contracorriente.

"Si fuéramos más tolerantes, tendríamos más tiempo para pensar en lugar de pelear"

-Todo empieza porque su suegra queda atrapada en su propio piso debido a una enfermedad...

-Eso es. Ahí me encuentro con cosas de la vida real que, hasta que no las vives, no te das cuenta de su dificultad. Lo de la exclusión social queda muy bien, pero estas personas dejan de tener un nombre, una vida... Pasan a ser desconocidos. Son presos en su propia vivienda al no tener ascensor. Dejan de existir para los demás, porque ya no las ves.

-¿Ha conseguido el consenso político en este asunto?

-Creo que sí. La Administración ha entendido que las subvenciones para bloques de pisos antiguos en Andalucía son muy necesarias, independientemente del color político.

-¿Se acuerda de ese día en el que decidió abandonar su puesto de bancario y trabajar por los más necesitados?

-Claro. Fue el día en que, por primera vez, consigo que una barriada entera (La Paz, de Sanlúcar la Mayor) tenga un ascensor en cada bloque, entre ellos el de mi suegra. Ahí me di cuenta de que me quería dedicar a eso profesionalmente. Y ese primer año conseguí 2,3 millones de euros en subvenciones para construir elevadores en barrios deprimidos de Sevilla y Huelva.

-¿Le han llegado a pegar alguna vez en alguna reunión de vecinos?

-Más que pegarme a mí, se han pegado entre ellos. Ocurrió en Triana. Dos vecinos se calentaron, empezaron a zurrarse y, entre los otros 18, los separaron. Pero la mayoría son personas sensatas y civilizadas.

-Ha sabido adaptarse a distintos niveles culturales y sociales...

-En cada reunión de vecinos te encuentras muchos perfiles distintos. Llegas a un edificio y siempre hay uno que lleva la voz cantante. Si está en contra del ascensor, resulta una batalla dialéctica apasionante.

-¿Le han ofrecido alguna vez entrar en algún partido político?

-Ha habido insinuaciones. Pero es normal, sobre todo cuando los políticos ven que tienes mucho predicamento entre los votantes.

-Usted vivió 16 años en Barcelona. ¿Cuál es la solución al conflicto que hay montado en Cataluña?

-Entre todos hemos contribuido a que haya una diferencia. Y el independentismo genera esa línea divisoria y ayuda a que se note más esa diferencia. Y cuando creas dos bandos, la guerra está servida. La solución es pensar que no existen esos dos bandos para que los dos millones de catalanes españolistas no se sientan solos.

-¿Todo se reduce a una cuestión de dinero?

-No se soluciona así, pero, si le vas a dar algo a Cataluña, que entienda el valor que tiene. Y que no piensen encima que España les roba. Si no se le enseña al independentista y al españolista que no tiene por qué haber odio, sino a fomentar el amor, el conflicto no tendrá una solución real y duradera. Sólo entendiendo por qué dicen que no, puedo convencerles de que digan que sí.

-La cultura estuvo muy presente en su infancia y adolescencia...

-Mi padre montó una librería que regentó mi madre durante muchos años en Barcelona. Teníamos muchos libros en catalán, pero también en castellano. Yo me crié con los libros de la famosa editorial Destino.

-¿Qué opina sobre la sobreinformación en la sociedad de la hiperconexión?

-La comunicación crea corrientes de opinión y la gente se deja llevar por esa corriente y deja de pensar por sí misma. Hay exceso de información. A lo mejor, con un poco menos de información, se haría un mejor análisis de las cosas y llegaríamos más lejos.

-Cada vez se dan más casos de personas enganchadas al móvil en España...

-Hay quien hace de su vida una pantalla y eso es un grave problema. Paso mucho tiempo al teléfono atendiendo a clientes y no uso mucho las redes sociales. Pero sí me ha pasado ir por Toledo, ver un símbolo judío y tener que buscar en Google su significado. Lo bueno de la revolución digital es la inmediatez de lo que puedo necesitar en un momento determinado. Si eso lo hubieran tenido Einstein o Darwin, a dónde habrían llegado... o no.

-¿Cree que la corrupción es un mal inherente al poder?

-La corrupción no es de los partidos, es de las personas. Por ejemplo, si yo tengo a un trabajador en Granada que traiciona mi confianza y se deja sobornar, para mí sería muy triste que dijeran que mi empresa es corrupta, pero así quedaríamos retratados. Cuando la clase media ve peligrar su estatus, castiga a los políticos en las urnas. Hoy por hoy, y salvo alguna excepción, no existen ni las izquierdas ni las derechas, sólo partidos de centro.

-Un deseo para un futuro no muy lejano...

-La tolerancia. Si tuviéramos más paciencia y fuéramos más tolerantes, tendríamos tiempo para pensar en lugar de pelear.

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