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España

Ceuta y sus aledaños, zona siniestrada

  • Rabat cortó hace dos meses el contrabando con la ciudad autónoma, provocando una crisis económica y social

  • No está claro si lo volverá a permitir en el futuro

Mujeres portadoras marroquíes esperan en la frontera para cruzar desde Ceuta. Mujeres portadoras marroquíes esperan en la frontera para cruzar desde Ceuta.

Mujeres portadoras marroquíes esperan en la frontera para cruzar desde Ceuta. / Erasmo Fenoy

Rabat asesta una de cal y otra de arena y sume en la incertidumbre, desde hace ya dos meses, a Ceuta y a las zonas colindantes de Marruecos. Fue el 7 de octubre cuando las autoridades marroquíes suspendieron el contrabando con la ciudad autónoma, privándola de uno de los pilares de su economía y quitando también el trabajo a decenas de miles de personas que en las ciudades vecinas de Tetuán y Castillejos viven, directa e indirectamente, de este comercio irregular, pero tolerado.

"Ceuta se muere", escribía hace una semana en portada de su periódico, Carmen Echarri, directora de El Faro de Ceuta. Mientras, en la vecina ciudad de Castillejos (78.000 habitantes), donde residen la mayoría de los 7.500 porteadores que se dedican al contrabando, se respiraba un ambiente de crisis. Desde el comercio hasta el transporte estaba siendo golpeado por el cierre de la frontera a lo que los ceutíes llaman pudorosamente "comercio atípico".

El malestar llegó hasta Tetuán (380.000 habitantes), la capital provincial, en la que el pasado fin de semana se convocó, a través de las redes sociales, una manifestación que la Wilaya (Gobierno Civil) prohibió mientras ordenaba el despliegue preventivo en sus calles de cientos de antidisturbios. No hubo ni un conato de protesta y las preguntas de dos diputados de la oposición, en el Parlamento marroquí, sobre el impacto social de la decisión del cierre también quedaron sin respuesta por parte del ministro de Empleo, Mohamed Amekraz.

Hacía ya meses que la aduana marroquí restringía las mercancías que se podían introducir en Marruecos a través de Tarajal II, el paso para porteadores inaugurado a principios de 2017. Prohibió el textil y, a principios de octubre, hizo otro tanto con las almendras. Las tensiones que se generaron le incitaron entonces a cerrarlo. Anunció su reapertura tres veces en noviembre, pero no cumplió.

La alerta del presidente Vivas

La alarma llegó hasta el gobierno de la ciudad autónoma. Su presidente, Juan Jesús Vivas, pidió el miércoles pasado al Gobierno "un plan de reconversión" similar a aquellos que fueron "aplicados por el Estado en auxilio de la siderurgia o la minería en otras regiones de España cada vez que una decisión externa ha afectado a un sector histórico".

El contrabando es quizás "histórico", porque lleva décadas funcionando, pero sobre todo es, con sus 700 millones de euros anuales de exportaciones irregulares –el equivalente de las ventas españolas de vino y aceite a EEUU–, uno de los principales motores económicos de la ciudad de 85.000 habitantes. Se benefician de él ante todo un puñado de empresarios que importan mercancías para reexportarlas desde las naves que poseen cerca de la frontera. Y, tras dos meses de parón, han empezado a despedir.

Ese "comercio atípico" es también una importante fuente de ingresos para las arcas de la ciudad. En los presupuestos en curso estaba previsto que el impuesto de importación (IPSI) de mercancías, que en su mayoría acaban en Marruecos, le permitiese recaudar 71,6 millones de euros, un 24,43% de su presupuesto anual. Como no se alcanzará esa cifra el Estado compensará a la ciudad por el déficit en la recaudación.

No cabe duda de que Rabat está decidida a poner fin a esa competencia desleal que supone el contrabando para aquellos que importan legalmente esos mismos productos a través de los puertos de Casablanca y Tánger. "Hay dos opciones: seguir conviviendo con este fenómeno con todo el daño que genera a nuestra economía, como así lo hemos hecho durante años, y destruir empleo en casa, o afirmar que el contrabando es una infracción, y pararlo", declaraba, a finales de noviembre, Nabyl Lakhdar, el director general de Aduanas, al diario digital Media 24.

¿Es ahora cuando Rabat ha decidido pararlo definitivamente? Los ceutíes no lo saben. Su presidente, Vivas, ha pedido al Gobierno español que pregunte a Marruecos cuáles son sus intenciones, pero no lo ha hecho. Los funcionarios de la delegación del Gobierno en Ceuta sí se acercan hasta la frontera en busca de los jefes de la aduana marroquí, pero no reciben de ellos una respuesta clara.

"La situación volverá a la normalidad y a cómo era anteriormente a la mayor brevedad", anunció, por fin, el jueves pasado, Hassan Abyaba, el portavoz del Ejecutivo marroquí. "Sus palabras no aclaran del todo el futuro de ese pasadizo fronterizo", señalaba el semanario marroquí Tel Quel resumiendo una opinión generalizada. La decisión definitiva de Rabat quizás dependa del grado de la intensidad de las protestas en el noroeste de Marruecos. Para intentar desactivarlas las autoridades ya han anunciado la próxima puesta en marcha un plan de ayuda a las porteadoras, muchas de ellas madres solteras, que se quedarán sin trabajo.

Otros de los perjudicados serán los propios aduaneros y policías destinados en la frontera que redondeaban sus sueldos con las propinas que cobraban por hacer la vista gorda cuando no se dedicaban ellos mismos al contrabando con sus coches conducidos por hombres de paja, como señalaba un informe elaborado por diputados marroquíes que en febrero visitaron la zona. También los narcotraficantes saldrán perdiendo con su desaparición porque, según la Policía española, es un cauce para blanquear parte del dinero que genera la resina de cannabis (10.500 millones de euros anuales) de la que Marruecos es el mayor exportador del mundo.

Normalidad nunca ha habido en la frontera de Ceuta con Marruecos, la más transitada de África. Ha sido siempre un caos, en sus dos cruces, el de viajeros (Tarajal) y el de porteadores (Tarajal II). Lo sigue siendo incluso ahora que no hay contrabando. Para sobrevivir los porteadores intentan introducir en Marruecos pequeños bultos –las mujeres se los pegan al cuerpo con cintas adhesivas simulando estar embarazadas– a través del paso de viajeros y lo acaban colapsando. Dos días de esta semana, el martes y el miércoles, la Policía marroquí cerró incluso la frontera durante algunas horas.

El estraperlo tiene los días contados en Melilla

Detrás de Ceuta está Melilla. Hace ya 17 meses que Rabat cerró allí, sin informar previamente al Gobierno español, la aduana comercial, abierta desde 1866, por la que se exportaban legalmente a Marruecos mercancías por valor de 47 millones de euros anuales. El Ejecutivo de Pedro Sánchez no se quejó. El contrabando, que mueve desde Melilla unos 450 millones de euros anuales, según una vieja estimación de la Delegación del Gobierno, tiene también allí los días contados. A las autoridades marroquíes les será, sin embargo, más difícil suprimirlo en esa zona del noreste del país. Está menos desarrollada que la que rodea a Ceuta y el impacto social probablemente será aún mayor.

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