Nunca volverá a nevar | Festival de cine de Sevilla Las bondades del masaje radioactivo

Alec Utgoff es el misterioso masajista Zhenia en el filme de Szumowska y Englert. Alec Utgoff es el misterioso masajista Zhenia en el filme de Szumowska y Englert.

Alec Utgoff es el misterioso masajista Zhenia en el filme de Szumowska y Englert.

Atravesada por un neo-misticismo redentor de corte new age, la nueva película de Malgorzata Szumowska (aquí firmada junto a Michael Englert, su guionista habitual) aspira a reescribir Teorema de Pasolini entre las casas idénticas de un barrio residencial de lujo donde habitan y penan las nuevas almas afligidas e insatisfechas de este siglo XXI, gente bien con diversas enfermedades, frustraciones y patologías a las que vendrá a poner remedio el misterioso Zhenia, un masajista de origen ucraniano nacido cerca de Chernóbil con poderes sanadores y cierto aire beatífico.

La directora de Mug y The other lamb sirve su fábula contemporánea entre melodías minimalistas de Max Richter y un imaginario más publicitario y globalizado que surreal que garantiza a sus metáforas de zozobra existencial una fácil digestión en circuitos festivaleros y mercados internacionales de versión original. Ahí donde ayer Borrar el historial caricaturizaba en modo grotesco a la clase media empobrecida enganchada a la tecnología alienante, Nunca volverá a nevar se permite obvias y algo risibles citas tarkovskianas y un cierto tono de cuento moral para recordarnos que los ricos del Este también lloran y son infelices en su burbuja de confort prefabricado.