Opinión

Memoria histórica española y europea

Fernando Martínez Pérez, magistrado jubilado Fernando Martínez Pérez, magistrado jubilado

Fernando Martínez Pérez, magistrado jubilado

“Quien olvida su historia está condenado a repetirla”. A muchos autores de muy diversa época, incluso alguno tan antiguo como Confucio, se ha atribuido la anterior o similares expresiones pero quedémonos con que fue escrita por Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana. La frase refleja la realidad, triste realidad en la mayoría de las ocasiones, de muchos pueblos, indudablemente muchos de ellos europeos.

Muy desconocidos son para la mayoría de las personas los trabajos del Parlamento Europeo, la institución representativa de los ciudadanos de Europa, en pro de la protección de los derechos humanos y su importante papel en la elaboración de las políticas europeas.

Con ocasión de cumplirse ochenta años del comienzo de la Segunda Guerra Mundial el Parlamento aprobó el pasado 19 de Septiembre la Resolución sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa, tras propuesta presentada por diversos diputados en nombre de los grupos políticos Partido Popular Europeo (PPE), Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D), Renovar Europa (Renew) y Conservadores y Reformistas Europeos (ECR).

Los legisladores europeos constatan en esa Resolución que después de la derrota del nazismo y del fin de la Segunda Guerra Mundial algunos países europeos se reconstruyeron y acometieron un proceso de reconciliación, e igualmente que otros continuaron sometidos a diversas dictaduras,  privados de “libertad, soberanía, dignidad, derechos humanos y desarrollo socioeconómico”.

También constatan que la integración europea es una adecuada respuesta a los sufrimientos ocasionados por la guerra, por la tiranía nazi y a la expansión de los regímenes comunistas totalitarios y antidemocráticos y que para los países europeos que sufrieron la ocupación soviética y las dictaduras comunistas la ampliación de la Unión iniciada en 2004 “supuso su regreso a la familia europea, a la que pertenecen”.

Los mismos legisladores consideran que debe recordarse a las víctimas, no debe olvidarse el trágico pasado y que es de vital importancia para la unidad de Europa y de los europeos divulgar el legado común europeo de los crímenes cometidos por las dictaduras comunista, nazi y de otro tipo.

Pero no sólo eso, recuerdan también que “los regímenes nazi y comunistas cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad...” y condenan con dureza “… las violaciones masivas de los derechos humanos perpetrados por los regímenes comunista, nazi y otros regímenes totalitarios” y “el revisionismo histórico”.

Tras pedir que exista una cultura común de memoria histórica que rechace los crímenes de esos regímenes totalitarios, señalan también los autores de la Resolución que en varios Estados miembros existen en espacios públicos monumentos y lugares conmemorativos que ensalzan tales regímenes “lo que facilita la distorsión de los hechos históricos sobre las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y la propagación del sistema político totalitario”, y entiendo que cabe añadir que no sólo los hay que ensalzan a los regímenes sino también a sus ideólogos y regidores.

Los parlamentarios piden “a todos los Estados miembros de la Unión que hagan una evaluación clara y basada en principios de los crímenes y los actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas totalitarios y el régimen nazi”  y recuerdan que varios países europeos han prohibido el uso de símbolos nazis y comunistas.

El Parlamento “pide a todos los Estados miembros que conmemoren el 23 de agosto como Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo a escala tanto nacional como de la Unión, y que sensibilicen a la nueva generación con respecto a estas cuestiones incluyendo la historia y el análisis de las consecuencias de los regímenes totalitarios en los planes de estudios y los libros de texto de todas las escuelas de la Unión;...”.

Fundamental es que nuestros jóvenes conozcan ampliamente la historia, sin  utilización del condenado “revisionismo histórico”. Evitaremos así la aparición  nuevamente de esos regímenes y la comisión de más crímenes.

Pues bien, la Resolución de la que hablamos, (que únicamente tiene fuerza política, que no de norma, debe tener influencia en las decisiones normativas de las instituciones europeas y puede y debe ser usada como criterio interpretativo en las resoluciones judiciales europeas), pese incluso a la dureza de su contenido y de muchas de sus palabras, ha sido muy escasamente difundida en España.

¿Merece la pena preguntarnos la razón de esa escasa difusión o preferimos olvidar esa razón y la historia?. Merece la pena hacerse la pregunta, no olvidar la historia ni que somos europeos.

La memoria histórica europea es también memoria histórica española.

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