Juicios para la historia

El asesinato en 1933 del secretario de los empresarios y la absolución del anarquista “Martinillo”

  • El acusado, líder de la Sección de Aceituneros de la CNT, aportó testigos que lo vieron pintando un taller

Antonio Rodríguez (con bastón) y Manuel García Rodríguez tras declarar en los juzgados de la calle Almirante Apodaca Antonio Rodríguez (con bastón) y Manuel García Rodríguez  tras declarar en los juzgados de la calle Almirante Apodaca

Antonio Rodríguez (con bastón) y Manuel García Rodríguez tras declarar en los juzgados de la calle Almirante Apodaca / Fototeca Municipal. Fondo Serrano

El 20 de mayo de 1933 Sevilla se vio conmocionada por el asesinato de Pedro Caravaca Rojé, de 42 años, secretario de la Federación Económica de Andalucía (FEDA) y gerente de la Fundición Cobián, que entonces empleaba a 700 obreros en su fábrica de camas de hierro de la Macarena.

El asesinato se atribuyó a militantes anarquistas pero el único que fue juzgado, Manuel García Rodríguez (Martinillo), secretario de la Sección de Aceituneros de la CNT, resultó absuelto por falta de pruebas y tras denunciar malos tratos de la Guardia Civil para que confesase en su primera declaración.

El crimen se produjo en un momento de enormes tensiones sociales y laborales en España, con asesinatos, huelgas y sabotajes. Un mes antes, el 25 de abril, se había producido un atentado con bomba contra el domicilio del presidente de la FEDA, Marcelino Bonet, cuya vivienda sufrió graves destrozos. 

El propio Bonet y Pedro Caravaca, al frente de mil representantes de organizaciones de comerciantes e industriales viajaron a Madrid en trenes fletados especialmente y se manifestaron el domingo 7 de mayo de 1933. También se entrevistaron con el jefe del gobierno, Manuel Azaña, y el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora.

El asesinato de Caravaca tuvo lugar en la calle Recaredo el 20 de mayo de 1933 hacia las 17.30 horas, cuando Caravaca salía de la  fábrica de la Fundación Cobián en un coche de caballos.

El asesino, a quien acompañaban otros hombres que también se dieron a la fuga, se subió al estribo del carruaje y disparó tres veces con una pistola. Los impactos alcanzaron a Caravaca en el codo izquierdo, muslo derecho y en la región pectoral.

Su propio cochero, al darse cuenta de que la gravedad de las heridas, lo trasladó al equipo quirúrgico del Prado de San Sebastián, donde ingresó cadáver.

El sospechoso no fue detenido hasta casi un mes después, el 14 de junio, en un domicilio de Gines utilizado por anarquistas para sus reuniones. Se trataba de Manuel García Rodríguez, de 29 años, segundo secretario del ramo de Alimentación, sección aceituneros, del sindicato anarquista CNT. Fue trasladado al juzgado esposado junto a Antonio Rodríguez Cantos, dueño de la vivienda donde fue detenido.

Ya en su primera comparecencia ante el juez se declaró inocente y afirmó haber confesado ante la Guardia Civil de San Juan de Aznalfarache bajo amenazas de ser torturado.

Pasó dos dos años en la cárcel y el juicio se celebró ante un jurado popular el 25 de noviembre de 1935, donde el fiscal pidió para él una condena de 25 años,  nueve meses y 11 días de cárcel, así como el pago de 50.000 pesetas de indemnización a la familia del empresario.

En el juicio comparecieron 26 testigos pero fueron fundamentales los que declararon haberle visto ese mismo día pintando el taller de costura de su hermana, así como una mujer que presenció el crimen y el propio cochero, que no lo identificaron como el autor de los disparos.

Cuentan las crónicas de la época que, cuando fue declarado no culpable por el jurado, el numeroso público presente en la sala prorrumpió en aplausos, lo que obligó a una llamada de  atención por parte del magistrado.

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