céfalo y pocris | Crítica de teatro

Aires de carnaval en Calderón

Foto de familia de todos los intérpretes de 'Céfalo y Pocris' de Calderón de la Barca

Foto de familia de todos los intérpretes de 'Céfalo y Pocris' de Calderón de la Barca / M. G.

Desde que en 1998, Juan Dolores Caballero estrenó sus maravillosas Las tres gracias mohosas el teatro clásico se ha convertido en uno de los pilares de su creación. La búsqueda de textos desconocidos es otra de sus inquietudes y sus versiones, a las que implementa su especial estilo grotesco, han encontrado un gran predicamento entre los espectadores y los especialistas y festivales dedicados al teatro áureo.

Escritor del Barroco, Calderón de la Barca, convivió con las monarquías absolutistas de Felipe III, Felipe IV y Carlos II. La producción de Calderón sobrepasa las 200 obras entre comedias, autos sacramentales y poemas. Céfalo y Pocris forma parte de sus comedias burlescas, un género que ha llegado poco a nuestros días pero que gozó de gran aceptación en su momento. Normalmente se representaban en fiestas cortesanas en épocas de Carnaval y San Juan. Eran parodias llevadas al extremo donde se permitían las licencias propias de las Carnestolendas. En esta línea se entiende el disparatado argumento de la obra que podemos ver de la mano de Teatro del Velador.

Belén Lario encabeza un generoso elenco al servicio de un Calderón burlesco

El referente mitológico de Céfalo y Pocris rememora un desenlace fatal a causa de los celos. En esta obra, interpretada por nueve actores que se sumergen en la parodia y con la música en directo de Sancho Almendral, encontramos que el texto no llega bien al espectador y hace difícil la comprensión de una trama ya de por sí endiablada.

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