Ana María Matute, por fin Cervantes
Alfredo Asensi
A sus 85 años y después de muchos como candidata, Ana María Matute vio reconocida su trayectoria literaria con el premio Cervantes. Su singular capacidad fabuladora, su poderosa imaginación creativa y su riguroso compromiso con la literatura impulsaron al jurado a otorgar a la barcelonesa el premio mayor de las letras hispanas, colofón a más de medio siglo de dedicación literaria que ha dado entre sus frutos títulos como Primera memoria, Olvidado Rey Gudú o La torre vigía. Matute, en cuya obra se combinan el realismo social y los mundos mágicos y que es la tercera mujer en recibir el prestigioso galardón, recibió la noticia con una reafirmación de su vocación de contadora de historias y con la confesión de que desde su primer cuento ha querido siempre “comunicar lo mismo, la misma sensación de desánimo y pérdida”.
Porque “vivir es perder cosas también”. El Nacional de las Letras, por su parte, bendijo la labor de conexión entre la cultura catalana y la del resto de España realizada por el crítico, editor y ensayista Josep Maria Castellet, autor de la célebre antología Nueve novísimos poetas españoles, en la que establecía un nuevo canon estético en la poesía española a partir de las voces de Pere Gimferrer, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Manuel Vázquez Montalbán, entre otros. Mayor sorpresa causó la concesión a Javier Cercas del Premio Nacional de Narrativa por Anatomía de un instante, no por la calidad de la obra, reconocida por críticos e historiadores, sino por su naturaleza literaria, más ensayística o cronística que narrativa. Cercas se acerca al intento de golpe de Estado del 23-F con la voluntad de contar “la verdad” sobre un acontecimiento histórico en torno al cual sigue habiendo dudas e interrogantes.
El escritor centra su análisis en las figuras de Adolfo Suárez, el general Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo. Anatomía de un instante ya es considerado un título de referencia a la hora de comprender en toda su complejidad este oscuro momento de la historia reciente de España. El Nacional de Poesía tuvo en 2010 un carácter póstumo, ya que recayó en el canario José María Millares, fallecido el año anterior. Cuadernos (2000-2009), una recopilación de apuntes poéticos de su últimos años de vida, fue la obra galardonada. En la categoría de Ensayo, el Nacional viajó al País Vasco de la mano de Anjel Lertxundi, autor de Eskarmentuaren paperak (Vida y otras dudas), un ensayo en euskera de alto componente autobiográfico. El de Literatura Dramática recayó en la catalana Lluisa Cunillé por Aquel aire infinito, y el de Literatura Infantil y Juvenil en el sevillano Eliacer Cansino por Una habitación en Babel. Otro barcelonés, Eduardo Mendoza, se alzó con el más comercial de los premios novelísticos de España, el Planeta, con su obra Riña de gatos, protagonizada por un joven inglés, especialista en arte clásico, que se traslada a Madrid con el objeto de tasar unas obras de arte y se ve envuelto, sin pretenderlo, en una peliaguda trama de espionaje y política en los días previos al estallido de la Guerra Civil. Mendoza combina recreación histórica, intriga y humor en una novela por la que desfilan personajes como José Antonio Primo de Rivera y los generales Franco y Mola. El Nadal fue para Clara Sánchez por Lo que esconde tu nombre, en la que un ex preso del campo de concentración de Mauthausen sigue la pista de un nazi en la costa levantina.
El colombiano Antonio Ungar se llevó el Herralde con Tres ataúdes blancos, el chileno Hernán Rivera Letelier el Alfaguara por El arte de la resurrección y el bilbaíno Fernando Marías el Primavera por Todo el amor y casi toda la muerte. En poesía, Francisco Brines logró el Reina Sofía por el conjunto de su obra y el cordobés Joaquín Pérez Azaústre entró en el palmarés del premio Loewe con Las Ollerías, un poemario en el que convierte esta avenida cordobesa en un espacio de recreación simbólica a partir de la evocación de la infancia.
También te puede interesar
Lo último