Annabelle vuelve a casa | Crítica Y dale con la muñeca

La muñeca Annabelle regresa a los cines. La muñeca Annabelle regresa a los cines.

La muñeca Annabelle regresa a los cines.

La muñeca Annabelle es uno de los productos emanados de The conjuring, a su vez explotación cinematográfica de las andanzas reales –en la medida que estas cosas lo sean– de los investigadores de fenómenos paranormales Ed y Lorraine Warren, que han sido un filón para bestsellers, telefilmes y películas. El cine explota los casos que investigaron desde 1979 (Terror en Amytiville) en afortunada coincidencia con la era del cine menor de edad que se iniciaría en los 80 y aún sigue.

En su momento Terror en Amytiville se relacionó con la moda de lo demoníaco y lo oculto desatada por La semilla del Diablo en 1968 y sobre todo por El exorcista (1973) o La profecía (1976). Pero los casos Warren, aunque a finales de los 70 se inscribieran en la moda demoníaca, miraban en realidad más hacia el futuro como demuestran, tras el puente de la televisiva The Haunted (1991), la hiper explotación representada por las ocho películas estrenadas en los últimos seis años, desde que el presunto genio del cine de terror y rey Midas de la taquilla James Wan arrancara con The Conjuring hasta –siempre con Wan como productor– la de Annabelle que hoy nos ocupa, ordenadas en las tres entregas de la serie The Conjuring, las dos dedicadas a La monja y La llorona y las tres protagonizadas por la muñeca Annabelle: Annabelle (2014), Annabelle: Creation (2017) y esta Annabelle vuelve a casa.

En la primera un feliz marido tiene la mala idea de regalarle a su también feliz esposa embarazada la antigua muñeca de coleccionismo que pondrá fin a su felicidad. En la segunda las víctimas son otro matrimonio, este con tendencias filantrópicas. En esta tercera aparición de la muñeca son los propios Warren quienes ponen a buen recaudo a la muñeca ignorando –lo que extraña en una pareja dedicada a investigar lo oculto– que nada puede frenar los poderes del mal cuando les da por desatarse. Las víctimas serán su hija, la niñera (sacrificado oficio en los relatos de terror consagrado por la joya del género: Otra vuelta de tuerca que da rubor mencionar en el casposo universo James Wan que pertenece al mundo de las canguro scream-memas y no al de las nanny) y su amiga imprudente a la que nadie debe haberle contado el cuento de Barba Azul y lo de las puertas que nunca deben abrirse. La dirige Gary Dauberman, director debutante, pero muñecólogo o annabellexperto tras ser guionista de las dos primeras entregas.

Da igual que sea una buena (que no lo es) o mala (que sí lo es) película porque está hecha para lo que está hecha y para quien está hecha. Y los dos objetivos, hacer un taquillazo y gustar a los seguidores de la serie, los alcanza. Así que frente a ella uno se siente como Peter Sellers en El guateque: fuera de lugar. Es más una atracción de terror de un parque de atracciones que una película. Y en este sentido funciona con los sobresaltos, gritos y risas que siempre se oyen en dichas atracciones. Para que funcione se mete todo lo que de terror scream-adolescente pueda caber en el metraje super poblado de criaturas y la banda sonora hinchada de efectos. Lo único interesante que plantea la película es esta pregunta: ¿si ustedes fueran los Warren y coleccionaran seres inmundos en su casa –cosa ya rarita de por sí– dejarían a su hija allí y se irían de viaje?

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