Cultura

Mucho más que dos

MES DE DANZA. Dirección, coreografía, concepción de escenografía, vestuario e interpretación: Juan Kruz Díaz de Garaio Esnaola / Antonio Ruz. Dirección y arreglos musicales: Juan Kruz Díaz de Garaio Esnaola Diseño de luces y dirección técnica: Olga García. Lugar: Teatro Central. Sala B. Fecha: Martes, 4 de noviembre. Aforo: Lleno.

Cuando la gente le preguntaba por qué forcejeaban tanto sus parejas de baile en escena, Pina Bausch decía que en el mundo que vivimos es más normal pisarse y empujarse que encontrar una armonía común.

Por eso nos alegró tanto ver anoche el sincero diálogo entre estos dos estupendos bailarines y coreógrafos, tan diferentes entre sí, que coincidieron hace años en las filas de la prestigiosa compañía alemana Sasha Waltz and Guests. Un generoso diálogo hecho de dos largos parlamentos interpretados sucesivamente por Juan Kruz Díaz de Garaio Esnaola y Antonio Ruz.

El primero, dirigido por el segundo, nos arrastra en su obsesiva búsqueda de no sabemos qué resultado, en un constante ir y venir, tenso, tironeado desde fuera, en todas direcciones, por todo su cuerpo, o como si algo despertara en su interior y se moviera entre sus costillas y su espalda -muy bien iluminada-. Lo oímos contar y lo vemos bailar hasta extenuarse, entregarse a la inercia, al deporte... En su rostro de hombre común -a veces hilarante como un Buster Keaton de hoy- hay un afán que nos resuena y hace que su propuesta, de más de 40 minutos, se nos pase sin sentir.

Ruz, por su parte, va tirando de todas sus añoranzas (o de las nuestras) en un viaje sin idas y sin vueltas. En su insconciente -y en el de muchos de nosotros- están grabadas las canciones que canta, las danzas que aprendió en su ecléctica carrera, los cumpleaños que celebró -con tantas ausencias...- hasta el número de la cabra y los adioses, muchos adioses, en todos los idiomas.

Una tierna e imaginativa propuesta que Díaz de Garaio orquesta magníficamente con el uso teatral de la música, un carrito, una tela y unos pocos objetos.

Sin ser evidentes, los movimientos de ambos son muy definidos, muy claros, como si a estas alturas de sus carreras no quisieran ocultarle nada al espectador.

Y eso se agradece, se disfruta.

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