Bellver Trío | Crítica Unir a dos genios en zapatillas

Bellver Trío en el escenario del Alcázar Bellver Trío en el escenario del Alcázar

Bellver Trío en el escenario del Alcázar / Actidea

El del trío de cuerdas era entre 1795 y 1820 un género típicamente doméstico, sobre el que gravitaba de forma extraordinaria el peso de los divertimentos clásicos escritos por Haydn y por Mozart. El Trío Bellver presentó dos obras nacidas en esa época de la pluma de dos de los mayores talentos artísticos de la historia humana, Beethoven y Schubert.

Música menor, podría pensarse, en cuanto escrita siguiendo fórmulas más o menos convencionales para el relax de los salones burgueses, pero en Beethoven y Schubert incluso los empeños más aparentemente intrascendentes están llenos de sorpresas y momentos gozosos. La obra beethoveniana sigue el plan de las serenatas clásicas, con diversos movimientos contrastantes, incluyendo marchas y minuetos; la de Schubert, el planteamiento formal de la sonata en cuatro tiempos. Pero la gracia expresiva, la elegancia y la originalidad presiden la obra de Beethoven y el gusto por la modulación, la de Schubert, que esconde en su aparente frivolidad algunas sombras inquietantes y momentos de exquisita ternura (ese trío del minueto confiado a la viola).

El Trío Bellver remontó un inicio irregular para terminar ofreciendo un Beethoven risueño y distendido, que brilló especialmente en los pasajes lentos, como en el Adagio central, con un cello de sugerente elocuencia, o en las variaciones del Finale. Peor fueron las cosas en Schubert, algo deslavazado y anodino, con un movimiento lento en que parecieron enfatizarse las bellas discontinuidades de su música, pero de manera superficial.

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