Mujeres gitanas | Crítica Una bailaora cercana

Carmen Ledesma bailó cantiñas con mantón. Carmen Ledesma bailó cantiñas con mantón.

Carmen Ledesma bailó cantiñas con mantón. / Grupo Joly

Que Carmen Ledesma es una de las grandes bailaoras de hoy, de todos los tiempos, es algo que sabemos todos los aficionados al flamenco. Lo que se me escapa es el hecho de que no la veamos más a menudo en los escenarios de nuestra ciudad, que es la suya. Lo que tiene Carmen Ledesma es lo que tanto echamos de menos en la escena flamenca actual: la naturalidad, la frescura. En las antípodas de los falsos arcaísmos o de los falsos artificios, tanto da. Un solo gesto suyo vale por toda una coreografía porque es todo un mundo, el suyo. Porque vuelca su personalidad en su danza, por eso es única. Sin atosigar al espectador, que en todo momento sabe dónde está y entiendo todo lo que Ledesma propone, porque la bailaora habla el lenguaje de la calle, de la gente. Eso no quiere decir que su arte discurra por los lugares comunes. Todo lo contrario. Demuestra que conoce la estructura clásica de la danza flamenca pero también la rompe cuando considera oportuno porque se deja llevar por el momento presente. Es insuperable en el tango africano pero también estuvo fantástica en los silencios o con el mantón.Herminia Borja mostró su extraordinario timbre vocal en las malagueñas y también que acompañando al baile no tiene rival. Inés Bacán fue la que más cantó en solitario:seguiriyas, fandangos por soleá y su insuperable nana. No es solamente esa mezcla de ferocidad e ingenuidad que hay en su voz. Es también su capacidad escénica. Mari Peña cantó tientos y martinetes con Borja y May Fernández, que se lució en las cantiñas.

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