Cayetana Guillén Cuervo vuelve a la hondura moral de Albert Camus

La actriz trae al Lope 'El malentendido', una obra que sus padres estrenaron en 1969

Julieta Serrano y Cayetana Guillén Cuervo, madre e hija en esta tragedia escrita por Albert Camus.
Julieta Serrano y Cayetana Guillén Cuervo, madre e hija en esta tragedia escrita por Albert Camus.
Braulio Ortiz / Sevilla

01 de mayo 2013 - 05:00

Cuando la enfermedad de su padre ya había irrumpido en sus vidas, Cayetana Guillén Cuervo consultó a su progenitor qué texto de su trayectoria le ilusionaría ver llevado a escena por ella. De todas esas décadas que había consagrado al teatro, el actor eligió una obra, El malentendido, de Albert Camus, una tragedia que había estrenado junto a su mujer, Gemma Cuervo, María Luisa Ponte y Alicia Hermida en el Teatro Poliorama de Barcelona, en 1969. Un cuarto de siglo antes, en 1944, las primeras funciones de aquella pieza en el Théâtre des Mathurins de París, con María Casares de protagonista, se habían vivido como reflejo de la opresión de la Francia ocupada por los nazis; en la España de la dictadura la pieza, servida por un escritor cuya hondura permitía extraer incontables lecturas, cobraba una dimensión nueva; ahora, la última versión, que se representa hasta el domingo en el Lope de Vega, también parece una reflexión oportuna en los tiempos de asfixia económica y deriva moral de la actualidad.

Camus, del que se cumple en noviembre el centenario de su nacimiento y cuya heredera cedió los derechos a Guillén Cuervo para montar en exclusiva en España El malentendido, escribió esta obra dos años después de publicar El extranjero. La noticia en la que se inspira esta obra ya aparecía en un pasaje de aquella novela: la historia de un hombre que regresa a la pensión que gestionan su madre y su hermana, aunque oculta su identidad y espera a ser reconocido. Aquel individuo no sospecha la terrible costumbre que practican sus familiares: asesinan a los clientes y se apropian de su dinero para poder escapar, algún día, de un lugar en el que parece negada la esperanza.

Julieta Serrano, que interpreta a la madre en esta producción del Centro Dramático Nacional, señala que en la manera en que Camus reconstruye tan brutal episodio se percibe su asombroso conocimiento de los recovecos del alma humana. "Para mí siempre ha sido el filósofo más cercano, el que mejor entendió las fragilidades del ser humano, la aventura y el destino de un hombre sin dioses", observa sobre una obra que para la veterana es "un auto sacramental laico". Más allá de la anécdota, ahonda la actriz, El malentendido expresa "la búsqueda de la felicidad, de la libertad", hasta el punto de que los integrantes del reparto, que completan Ernesto Arias, Lara Grube y Juan Reguilón, tuvieron miedo de ser, confiesa Serrano, "demasiado trascendentales. Había momentos en los que nos preguntábamos cómo se vivía un texto tan denso, tan intelectual". Les ayudó a aplacar esa inseguridad el pulso de Eduardo Vasco, que toma el relevo de Adolfo Marsillach, director del montaje de finales de los 60, y que dispone los conflictos de manera "cálida y cercana, de modo que el espectador los entiende muy bien".

De hecho, Cayetana Guillén Cuervo cuenta que entre las virtudes que celebró su madre de esta nueva adaptación estaba "la contención con la que Eduardo nos ha dirigido". La hija lamenta que su padre muriese "unos días antes del estreno", pero se resiste a que ese dato se le enquiste como "un rincón de dolor". Prefiere imaginar que detrás de todos los parabienes y los aplausos que ha recibido el montaje -con todas las localidades agotadas en su paso por Madrid y críticas entusiastas- está el aliento inspirador de esa figura crucial en su formación, ese hombre que le recomendaba lecturas y con el que conversaba con pasión sobre la cultura y la vida.

Guillén Cuervo añade como razón de ese éxito obtenido que "la gente agradece los grandes textos, las sacudidas emocionales", y la vigencia de la palabra de Camus. "Sólo hay que leer el discurso que pronunció cuando recibió el Premio Nobel [en 1957, cuando el escritor apenas tenía 44 años]: se lee como si estuviera hablando de problemas de hoy", asegura. En su opinión, El malentendido versa sobre "lo que ocurre con los seres inocentes cuando la situación los oprime", sobre cómo las circunstancias adversas pueden moldear a los hombres hasta convertirlos "en monstruos. Esa claustrofobia que retrata Camus se nota hoy, en un momento en que los sueños están rotos, las familias están desestructuradas", comenta Guillén Cuervo. En El malentendido, la denuncia de Camus evita las simplificaciones, como hizo el autor de La peste y El primer hombre a lo largo de toda su producción. Los personajes de La Madre y Marta albergan sueños -el mar y el sol se utilizan "como una metáfora de la necesidad de avanzar hacia algún sitio"- y la víctima, el hijo/ hermano que morirá por la avaricia de sus familiares, no es inocente del todo. "Camus culpa al hijo de fingir ser quien no es, reflexiona sobre qué pasa si jugamos con nuestra identidad. Toda su obra", analiza la actriz, "reflexionó sobre la responsabilidad que tiene el ser humano con respecto a sus actitudes".

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