Cuarteto Emispherio | Crítica

Estrenos de los dos hemisferios

El Cuarteto Emispherio en el Espacio Turina

El Cuarteto Emispherio en el Espacio Turina / Marina Casanova

Uno de los proyectos camerísticos más sólidos surgidos de la ROSS, este Cuarteto Emispherio que encabeza con entusiasmo la oboísta neozelandesa Sarah Roper, presentó el más singular programa de su carrera: cinco estrenos, producto de otros tantos encargos a compositores de generaciones, procedencia, formación, intereses y estilos distintos. Con hasta tres de los compositores presentes en la sala, así como muchos de los aficionados y amigos que han hecho posible el proyecto a través del crowdfunding, había una atmósfera especial en el Espacio Turina en esta matinal del ciclo camerístico de la ROSS.

Las cinco obras trazaron un cuadro que refleja bien la dispersión estilística de la música de vanguardia. El australiano Luke Styles actúa en Capturing Anthems a la manera de los polifonistas del XVI con sus misas parodia, troceando himnos y canciones folclóricas y disgregando los pedazos por las distintas voces de una composición en dos movimientos que se mueve entre el caos del arranque y el lirismo intenso de algunas secciones. Althea Talbot-Howard nació en Nigeria, pero se formó como oboísta entre Australia e Inglaterra. En La Catedral de Sevilla recurre al aluphone (un tipo de campana) para recrear el campanario de la Giralda y compone una obra melódica, apaciguadora y envolvente en un estilo heredero del minimalismo, con frecuente empleo de ostinati y de secuencias modales. Muy diferente es Anti-Philosophy of the Subject de la joven almeriense residente en Finlandia Pilar Miralles, que concede papel subsidiario al oboe (hasta el punto de que en medio de la obra la oboísta es la encargada de recitar "Vuelo", un poema de Miguel Hernández) y plantea intensas secciones a solo de las cuerdas. El componente performativo del final era perfectamente evitable.

La segunda parte presentó posiblemente los dos extremos estilísticos del recital: Uncertain Paths de la sevillana Maricarmen Asenjo-Marrodán fue la propuesta más radicalmente modernista de la mañana: obra compleja, textural, que incluye electrónica y en la que pueden encontrarse múltiples referencias a algunos grandes maestros de las vanguardias de la segunda posguerra, de Xenakis a Ligeti o Scelsi. A través de los armónicos, los trinos, los glissandi, Asenjo-Marrodán parece buscar nuevas dimensiones del sonido, explorando no sólo las alturas o las duraciones sino su profundidad y su grosor. A su lado, los Mosaicos de Johan Richard Durant, cinco miniaturas en forma de postales de naturaleza romántica, significaron la vuelta a un estilo de escritura mucho más convencional. En todas las obras, el Cuarteto Emispherio mostró una altísima implicación emotiva y un cuidado exquisito por respetar la naturaleza estilística de cada una de ellas. Detrás del logrado experimento se adivina un trabajo intenso, cuidadoso y respetuoso. Bravo.

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