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España, por dentro y por fuera

  • El jurista y académico Muñoz Machado explora en el ciclo 'Letras en Sevilla' las carencias del modelo territorial como detonante de los nacionalismos

El catedrático de Derecho y miembro de la RAE Santiago Muñoz Machado, ayer en la Fundación Cajasol. El catedrático de Derecho y miembro de la RAE Santiago Muñoz Machado, ayer en la Fundación Cajasol.

El catedrático de Derecho y miembro de la RAE Santiago Muñoz Machado, ayer en la Fundación Cajasol. / belén vargas

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España es, exactamente, la suma de muchas convulsiones juntas. Y de ahí esto de ahora, que comenzó a tomar contorno hace siglos y que ganó definitivamente altura democrática en uno de los periodos con más sex appeal de la política contemporánea: la Transición. De tanto como fue aquello quedan las huellas y los testimonios, pero también un espacio inquietante de espacio aún por hacer. Desde cierto ángulo, España podría ser un renacer al que le queda luz.

Es lo que bombeó la jornada final del ciclo Letras en Sevilla, que vino a auscultar a España por dentro y por fuera. La primera de las rutas la tomó el jurista y académico Santiago Muñoz Machado deslizándose por el tobogán de la memoria como alto funcionario del Estado en aquellos años de travesía desde la dictadura a la democracia. Por la segunda, el escritor argentino Jorge Fernández Díaz y el actor guineano Emilio Baule despacharon voltios de humor y de cordura.

No hay respuestas para lo que está ocurriendo hoy; tenemos que crearlas, igual que se hizo en la Transición"

Pero antes de llegar ahí, Muñoz Machado, con modos de hombre sabio, saltó de constitución en constitución, de 1812 a 1978, para dejar claro que la actual Carta Magna "es excelente, la mejor", pero "precisa de reformas". El jurista cordobés centró su propuesta en el Título VIII, dedicado a la organización territorial, que "no estaba bien ni cuando se aprobó". "Está lleno de defectos; es el más débil de todos", resaltó hasta el punto de fijarlo como la chispa que provocó el intento de golpe militar el 23-F. "Ya en 1981 se creó una comisión para aclarar qué demonios quería decir aquello", recordó Muñoz Machado, quien, a partir de ahí, se dedicó a sacarle grietas al modelo del café para todos. "No puede organizarse un Estado que sea al mismo tiempo centralizado y descentralizado. Esta opción exige a la Administración tener dos caras: una desprovista de recursos para dejar hacer a las autonomías y otra potentemente organizada para el resto del país. No hay nada igual en el mundo. Es imposible", dijo.

Esta inercia, sin embargo, no redujo velocidad con los años. Todo lo contrario. Aceleró. "Hacia 1992 llegamos a un punto que nunca hubiéramos deseado con unos pactos autonómicos de segunda vuelta. Se uniformó el país en un ejercicio final para que todos tuvieran parlamento, gobierno autónomo y la potestad de hacer leyes, acaso ésta distribuida con notorio exceso porque la proliferación de normas ha disminuido las garantías de los derechos de los ciudadanos", aclaró.

A partir de aquí, el relato del también académico de la RAE se detuvo en las reacciones de los nacionalismos periféricos, decididos a "romper el café para todos". "Desde Cataluña, el País Vasco y Galicia se impulsaron acciones para dejar atrás la Constitución de 1978. La Transición dejó de ser un milagro discutible y se pasó a cuestionar sus soluciones", expresó Muñoz Machado, quien marcó diferencias entre los independentistas vascos y catalanes. "Los primeros son rotundos, pero evidentes; los segundos, más sutiles y, por tanto, más peligrosos", recalcó.

Sobre el conflicto catalán, el experto aseguró que "no hay respuestas para lo que está ocurriendo; es necesario crearlas, igual que se hizo en la Transición, cuando hubo que reinventar España". "Tenemos ese problema cada 40 años y ahora que lo tenemos que hacer es inventarnos algo para otros 40 años", recalcó Muñoz Machado. En esta línea, descartó, por absurdo, que la Constitución prevea la secesión de parte de su territorio: "Ningún Estado va a programar su propia muerte".

En el turno de preguntas, alguien planteó la república como salida. "Es algo clásico en España, donde todos somos republicanos. Y el Rey, también. Me consta directa y personalmente. Felipe VI sabe que está donde está mientras dirija una España democrática y sea aceptado por el pueblo", declaró. "Es de locos intentar alterar esto, salvo que sea por razones ideológicas; no hay que hacer experimentos, y menos con repúblicas y monarquías", concluyó.

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