Festival de Cine de Sevilla

Los desaprendizajes de Adina Pintilie

  • La directora compite en el SEFF con 'Touch me not', polémico retrato del deseo con el que ganó el Oso de Oro en la Berlinale

Adina Pintilie, en el Hotel Hesperia. Adina Pintilie, en el Hotel Hesperia.

Adina Pintilie, en el Hotel Hesperia. / José Ángel García

El viaje que propone la vida, defiende la directora rumana Adina Pintilie (Bucarest, 1980), quizás no sea sino un desaprendizaje, liberarse de los conceptos cerrados y las convenciones que nos ayudaban hasta entonces a interpretar el mundo. "Cuando yo tenía 20 años creía controlar cómo eran las cosas, estaba llena de certezas, pero una década después, sin embargo, comprobé que no sabía tanto como pensaba", reconoce la realizadora, que en Touch me not, con la que ganó el Oso de Oro en la Berlinale, propone una radiografía del deseo y la sexualidad en la que deja atrás las nociones heredadas y se entrega sin miedo a preguntas incómodas. "La intención era olvidarme de todo lo que sabía, hacer un recableado de mi percepción", comenta Pintilie, que presentó este domingo en el SEFF su controvertido y exitoso debut en el largo tras varios cortos y mediometrajes documentales.

La directora continúa registrando la realidad de su entorno con este proyecto, pero en esta ocasión opta por un formato híbrido, que "no es documental ni ficción" y que su creadora define como "un viaje de autoexploración" y "una película de proceso, de diálogo". Un relato en el que se adentra en la complejidad de las relaciones sexuales, "los tabúes y las emociones que entran en conflicto" y para el que se sirve de las vivencias, los testimonios y recuerdos de un grupo de personas reales. "Es secundario si mis actores son profesionales o no, lo importante es que son seres humanos profesionales", asegura.

Una mujer que tiene pánico a ser tocada (Laura Benson), un hombre incapacitado para el tacto (Tómas Lemarquis) y otro que pese a su atrofia muscular y su deformación disfruta del sexo con libertad (Christian Bayerlein) se cruzan en esta narración, para la que Pintilie forzó "un contexto" para que aflorara la verdad de sus personajes. "Fue una paradoja, pero este carácter híbrido le dio a los protagonistas más libertad para mostrarse tal como son. Si hubiesen interpretado una ficción, se habrían sentido atrapados en sus personajes; si se tratara de un documental, también habrían estado atrapados en su vida diaria, habrían tenido que encajar en ese personaje que al fin y al cabo todos defendemos cada día", señala Pintilie, que también interactúa con sus criaturas en el filme y expone sus impresiones al espectador, una decisión que tomó tras pensar mucho "el lenguaje" que utilizaría la película.

"Los cuerpos de la gente real no responden a la norma. La norma es, en realidad, una ficción", dice la directora

Aunque su directora niega una intención "política", Touch me not se rebela contra los ideales de belleza que imperan al mostrar en absoluta desnudez cuerpos reales, una galería diversa que se aleja de los cánones. "La gente real no responde a la norma; la norma es, en realidad, una ficción", expone Pintilie. "Y el cuerpo ha sido siempre, al fin y al cabo, un campo de batalla de las ideologías. El color de tu piel o tu sexualidad, dos vertientes relacionadas con el cuerpo, pueden condicionar tu papel en la sociedad".

En el nuevo aprendizaje que emprendió gracias a Touch me not, Pintilie fue añadiendo matices a su perspectiva. A través de Hanna Hofmann, uno de los personajes, comprobó que "muchas personas transgénero se prostituyen por otros motivos que el económico: en algunos casos hay una búsqueda de su propia identidad", comenta la directora, cómoda ante la controversia que suscita la película. "¿Qué es la polémica? Es algo que desestabiliza las ideas preconcebidas. Y eso concuerda con un proyecto que era desafiante desde que empezamos a prepararlo".

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