La espera | Crítica de Danza La Chachi se va al convento

Una escena del espectáculo de La Chachi en el Teatro Central. Una escena del espectáculo de La Chachi en el Teatro Central.

Una escena del espectáculo de La Chachi en el Teatro Central. / Martín de Arriba

María del Mar Suárez no tiene problema alguno en mezclar el flamenco, que ella domina y disfruta, con el gesto, la música electrónica, la performance, la rave y todo aquello que la ayude a expresar su talento artístico, que no es poco.

Sin abandonar el flamenco tradicional ni los tablaos, la malagueña lleva ya tiempo experimentando por esta vía, aunque fue hace un par de años, con motivo de la gira de su espectáculo La gramática de los mamíferos, cuando todos empezaron a hablar –y bien- de La Chachi.

En La gramática… hablaba del amor acompañada de otros tres artistas (voz, percusión y violín). Ahora, la bailaora nos quiere hablar de la espera y, tras una residencia en los madrileños teatros del Canal, nos lo cuenta en el Teatro Central de Sevilla.

La malagueña ha llevado su espera al terreno de la fe y de la religión, por eso nos recibe vestida de monja, de blanco inmaculado, aunque fumadora, seguramente por aquello del “fumando espero”…

Al fondo se ve un triángulo de esos que en los catecismos contenían el ojo de Dios, aquí invertido, y dos estructuras con falsos cirios completan la escenografía.

Sin embargo no habrá un desarrollo del espectáculo planteado sino una sencilla performance en la que La Chachi oscila entre una gestualidad de cine mudo –la expresividad de su rostro podría competir con las de muchas divas de los años veinte-, algunos textos y una danza que alterna el flamenco, siempre a ráfagas breves y llenas de enérgicos zapateados, con el baile libre de la rave.

Baza importantísima del espectáculo es la música compuesta o mezclada por Paloma Peñarrubia, alter ego de la bailaora, que no tiene empacho alguno en invadir el escenario con su presencia ambigua, ni en hacernos escuchar una canción religiosa para luego mezclar un villancico o una soleá en el más puro estilo tecno.

Lo mejor de La espera es sin duda ese dúo que forman estas dos artistas difíciles de clasificar. Aunque algunos, especialmente los que habían visto el anterior trabajo de La Chachi, añoraron un mayor desarrollo de su lado canalla.

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