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Luis de Pablo | Obituario

El compositor infinito

Luis de Pablo junto a Alberto Carretero durante una conferencia en el Cicus en 2016.

Luis de Pablo junto a Alberto Carretero durante una conferencia en el Cicus en 2016. / D. S.

Quienes lo hemos conocido sabemos que hay pocos compositores de una cultura tan amplia y profunda como la del maestro Luis de Pablo. Su música refleja ese humanismo sin límites, condensado en una escritura de una perfección técnica envidiable y de una fascinante imaginación y belleza.

Desde que conocí a Luis de Pablo, sus sonidos y sus palabras han sido siempre una fuente inagotable de conocimiento y de inspiración para mí. Recuerdo con nostalgia el curso en Molina de Segura, donde Pedro Larrosa y José María Sánchez Verdú lo invitaron para hablar de sus óperas a los jóvenes compositores. Con su espíritu jovial y afable se sentía como pez en el agua enseñando, especialmente con los más jóvenes.

Quedan en mi corazón sus cursos, sus conferencias, sus conciertos, cada vez que me abría de par en par las puertas de su casa de la calle Relatores de Madrid y me enseñaba sus partituras, su impresionante biblioteca y su sorprendente colección de instrumentos. Me quedo con sus anécdotas y las postales que nos intercambiábamos, las copas de manzanilla que compartimos y las risas. Cada encuentro era un aprendizaje continuo y las horas corrían veloces. Me hubiera gustado detener el tiempo para empaparme más tanta sabiduría, experiencia y modestia.

Su vinculación con Sevilla era especial, como pueden corroborar los amigos de Taller Sonoro, Zahir Ensemble y Solistas de Sevilla, así como periodistas y profesores. Luis tuvo la generosidad de aceptar mi invitación para venir a mi aula del conservatorio a compartir su música con mis alumnos, además de un concierto en la universidad con el excelente fagotista Paolo Carlini. Momentos inolvidables como el viaje en coche que compartimos los dos, junto a mi padre, hablando sobre las pinturas de su querida mujer, Marta Cárdenas.

Poco antes del comienzo de la pandemia, íbamos a celebrar su noventa cumpleaños en París, con un emotivo homenaje organizado por José Manuel López López en la Embajada de España. Marta y él tenían todo preparado y aguardaban el día con gran ilusión y nervios porque, aunque los viajes eran ya más limitados, la ocasión bien lo merecía. Las noticias que llegaban de Wuhan lo retuvieron en Madrid. Efectivamente, tenía razón y lo pudimos comprobar pocas semanas después con el confinamiento.

Lamentablemente Luis no podrá escuchar y ver representada su ópera El abrecartas en el Teatro Real, años después del concierto-homenaje por iniciativa de Gérard Mortier presentado por Mauricio Sotelo. Ojalá nosotros sí tengamos la suerte de estar presentes, demostrando que Luis sigue vivo en su música.

Te marchas, Luis, llevándote tus conversaciones infinitas y apasionantes, tu sentido del humor y tu bondad a raudales. Por fortuna nos dejas tu música, tus escritos y el amor a la música y la composición que nos has inculcado. Mi agradecimiento más sincero y mi abrazo más cariñoso a Marta y todos los que te queremos. Hasta siempre, amigo, te echaremos mucho de menos.

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