Cultura

Manolo Cuervo regresa a todo color para homenajear al dadaísmo

  • El pintor y grafista inaugura este sábado en el espacio Crisol una muestra de aliento pop en la que reúne su obra más reciente

La revolución cultural dadaísta cumplió un siglo hace un año, momento en que el artista Manolo Cuervo (nacido en Isla Cristina pero afincado desde la infancia en Sevilla) comenzó a dibujar y pintar las coloristas obras que mostrará a partir de este sábado en el Salón de Arte Crisol, un espacio creativo que desde 2014 dinamiza el barrio de Los Remedios a través de exposiciones de arte contemporáneo, talleres, cursos y de la producción y promoción de obras seriadas (grabados y serigrafías).

Manolo Cuervo es uno de los principales artistas sevillanos de la generación surgida en los años 80 y, desde el inicio de su carrera, hace ya más de tres décadas, ha combinado su faceta de pintor con la de diseñador y grafista. Compañías de teatro independientes, bandas de música y festivales públicos de jazz o cine han reclamado los servicios de este inquieto creador que, a su experiencia en las artes visuales, une un profundo conocimiento y amor por la escena, como prueba su cartel para el montaje Luces de Bohemia que estrenó días atrás Teatro Clásico de Sevilla en el Lope de Vega.

Todas esas influencias y pulsiones convergen ahora, en una atractiva contaminación estilística, dentro de la exposición Dadá. En ella, Cuervo utiliza una paleta ácida, vibrante y optimista para homenajear al movimiento vanguardista y explosivo que Hugo Ball lanzó internacionalmente desde el Cabaret Voltaire de Zúrich el 5 de febrero de 1916.

Además de la serie de cuadros dedicada al irreverente y bienhumorado proyecto de Ball y Tristan Tzara, Cuervo ha añadido al conjunto otra serie de trabajos articulada en torno a la música pop y que ha titulado como una célebre canción de George Harrison, While my guitar gently weeps. "Es mi particular homenaje al integrante más introspectivo y discreto de The Beatles, al que tanto admiro. Se trata de una serie de composiciones presididas por guitarras coloristas, que comparten una estética muy pop y funcionan armónicamente con las otras piezas centradas en la revolución dadaísta", explica el propio Cuervo a este medio.

Los intereses plásticos y estéticos del artista bullen así en su nuevo conjunto pictórico, donde vuelve a desnudar y explicitar sus referentes -el mundo de la publicidad, el cómic o el cine- y a ofrecer una ecléctica relectura de sus admirados maestros -Rauschenberg, Pollock, Twombly, Lichtenstein o Hockney, entre otros- para invitar al espectador a desentrañar sus claves estéticas tanto como a disfrutar de un proyecto personal deliberadamente vitalista y sensual.

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