Flamenco "Seguiré bailando hasta que me muera"

  • Manolo Marín da su nombre a un aula del Conservatorio de Danza y recibe el homenaje de sus compañeros y de los artistas que intervinieron en su coreografía ‘Azabache’ durante la Expo’92

El Maestro se arrancó a bailar en varios momentos del homenaje. El Maestro se arrancó a bailar en varios momentos del homenaje.

El Maestro se arrancó a bailar en varios momentos del homenaje. / M.G.

Bailaor, coreógrafo y maestro de varias generaciones de bailaores, Manolo Marín (Sevilla, 1936) ya tiene su aula en el Conservatorio Profesional de Danza de la ciudad que lo vio nacer y que lleva el nombre de otro de sus hijos más insignes: Antonio Ruiz Soler.

La bonita placa que desde ahora recibirá a los jóvenes estudiantes, y que se encuentra justamente enfrente de la de la Maestra Matilde Coral (otro gran pilar de la enseñanza del flamenco en Sevilla) se descubrió el pasado viernes, en un acto que culminaba toda una serie de actividades dedicadas al artista trianero, dirigidas principalmente a los jóvenes y las jóvenes estudiantes del Conservatorio. Entre estas, una charla coloquio entre el bailaor y el crítico Manuel Martín Martín y tres clases magistrales impartidas por tres de sus exalumnos que hoy son grandes profesionales: Rafael Campallo, Fernando Romero e Isabel López.

Toda una fiesta en el Salón de Actos del conservatorio con el único fin de homenajear a uno de los artistas que más ha sembrado en el baile flamenco, a pesar de su humildad y de su apariencia de hombre de barrio sin pretensiones.

La iniciativa, como suele suceder, no partió de las instituciones, sino de un nutrido grupo de artistas que se reunieron, hace ya dos años, para celebrar el 25 aniversario de Azabache, sin duda el espectáculo –con 60 bailarines y 40 músicos en su elenco artístico– más destacado de la Expo’ 92, y cuya coreografía fue obra precisamente de Manolo Marín. Entre ellos se encontraba un buen número de los bailaores y bailaoras que pueblan actualmente los escenarios internacionales, muchos de ellos formados en su célebre academia de la calle Rodrigo de Triana, hoy en las buenas manos de otro de sus epígonos, Manuel Betanzos.

Artista humilde e incombustible, es uno de los que más ha sembrado en el baile flamenco

Con la complicidad de la dirección del Conservatorio, este grupo de artistas, encabezado por Pepe Ortega, ha logrado reunir, para sorpresa del propio Marín, a un gran número de personalidades y de amigos del Maestro. Además de traer a sus hermanas (una de ellas, pareja de baile de Marín en su juventud) de Madrid y Barcelona, constituyeron una mesa de madrinas y padrinos entre los que se encontraban Carmen Ledesma, Fernando Romero, Cristina Hoyos, José Antonio Ruiz y José Antonio Rivero, que tuvieron palabras de cariño y reconocimiento para el homenajeado, al igual que otros de los presentes y de los que, ausentes por motivos profesionales, enviaron por vídeo sus felicitaciones.

Como el que no quiere la cosa, este hombre pequeño de estatura, además de en Azabache, puso su mano y su sabiduría en las ceremonias de inauguración y clausura de las Olimpiadas de Barcelona, en espectáculos de Cristina Hoyos como Arsa y toma (y en la película Montoyas y Tarantos), en trabajos de María Pagés tan celebrados como La tirana o Banana Republic, y ha firmado piezas para el Ballet Nacional de España y la Compañía Andaluza de Danza, amén de para obras de teatro como la Fedra que dirigiera Miguel Narros con la inolvidable Manuela Vargas como protagonista.

Manolo Marín, junto a Cristina Hoyos, José Antonio, Angelita Gómez y otras grandes figuras posando ante su placa. Manolo Marín, junto a Cristina Hoyos, José Antonio, Angelita Gómez y otras grandes figuras posando ante su placa.

Manolo Marín, junto a Cristina Hoyos, José Antonio, Angelita Gómez y otras grandes figuras posando ante su placa. / M. G.

Como maestro, Manolo Marín ha sido invitado por grandes personalidades, como Maurice Béjart, y hoy sigue impartiendo cursos y clases magistrales en el Festival de de Jerez y en varios países. En Francia concretamente, Marín tiene una auténtica legión de alumnas y de admiradores que, entre otras cosas, han hecho posible la publicación de una biografía suya escrita por la periodista Christine Diger y titulada Tout ce que je veux c’est danser (Atlantica Editions, 2017).

Manolo Marín no reprimió sus lágrimas en muchos momentos y, con la sinceridad que lo caracteriza, dijo, tras agradecer tantas muestras de cariño: “No creáis que me voy a ir. He amado y amo el baile por encima de todas las cosas, incluso de la familia, y pienso seguir dando zapatazos hasta que me muera”. Ya en el patio, ante su placa, se arrancó por bulerías con unos y con otros para dejar claro que Manolo Marín aún tiene cuerda para rato.

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