Memoria de un expolio

La investigadora Rocío Ferrín estudia el periplo de las 999 obras confiscadas en 1810 en 'El Alcázar de Sevilla en la Guerra de la Independencia. El museo napoleónico'

Rocío Ferrín, con Rodríguez Galindo (izqda.) y Ortiz Villalba.
Rocío Ferrín, con Rodríguez Galindo (izqda.) y Ortiz Villalba.
Patricia Godino / Sevilla

04 de diciembre 2009 - 05:00

Hasta que en 1875 no apareció el "episodio nacional" de Pérez Galdós titulado El equipaje del rey José, el asunto del gran expolio llevado a cabo por los generales napoleónicos no impactó en la conciencia de los españoles. Así lo expone el profesor Manuel Moreno Alonso en el prólogo del libro El Alcázar de Sevilla en la Guerra de la Independencia. El museo napoleónico de la investigadora y documentalista del archivo del Alcázar Rocío Ferrín, que ayer presentó la obra acompañada de Juan Ortiz Villalba, coordinador del Aula para la Memoria Histórica, en cuya colección se publica el libro, y de Antonio Rodríguez Galindo, alcaide de la fortaleza.

La razón por la que José Bonaparte decretó en febrero de 1810 que "todos los monumentos de las Bellas Artes existentes en la ciudad", en su mayoría pertenecientes a retablos de iglesias y conventos, se trasladaran a su residencia en el Real Alcázar, fue la de crear "el primer museo de arte de la ciudad", según Ortiz Villalba, que "haciendo de abogado del diablo", definió este episodio como "una desamortización de la iglesia en beneficio del Estado". Sin embargo, en 1896 el profesor Manuel Gómez Imaz publicó su famoso inventario a través del cual denunciaba, según Ortiz Villalba "movido por su galofobia", el expolio religioso del que el mariscal Soult fue su principal artífice.

Más allá de las interpretaciones históricas, lo cierto es que tras la orden real, las tropas francesas concentraron en el edificio un millar de cuadros que se repartieron en más de 30 salas del Alcázar, "abiertas al público, incluso los fines de semana", indica Ferrín, que ilustró este hecho con lo publicado en la Gaceta de 1810 donde se afirmaba que gracias a este museo "los andaluces gozarán de la admiración de la escuela barroca sevillana". Para Ortiz Villalba, "en contra de lo que se cree, las obras estaban perfectamente expuestas y conservadas, cuando estuvieron arrumbadas fue después".

Ese "después" vino una vez que José Bonaparte abandona definitivamente España. En 1813, Fernando VII dictó una orden real por la cual obligaba al teniente de alcaide del Alcázar a devolver las obras expoliadas. Una de las novedades que aporta el libro presentado ayer es un invetario inédito donde queda reflejada que tras la marcha de los franceses el Alcázar albergaba 878 obras, es decir, el famoso equipaje incluía 121 cuadros, entre los cuales se encontraban principalmente obras de Murillo (ocho en total) y Zurbarán que actualmente se exponen en museos europeos y estadounidenses. Además, en el libro, apunta Ferrín, se dan a conocer cartas que alertan del "mal uso que se le da a algunas obras, como adornos de despachos o de casas".

La autora ha dividido la documentación original sobre el proceso de devolución de estos bienes artísticos a sus propietarios en tres partes: los inventarios posteriores a 1813, las instancias de los dueños que pedían al alcaide del Alcázar el retorno de las obras a sus sedes y los recibos de entrega de cada una de las obras que permanecieron en la fortaleza sevillana. Esta labor administrativa, pero de hondo valor sentimental para quien reclamaba su propiedad, se desarrolló durante 10 años y, según interpreta Ferrín, "sin que se conozcan problemas entre los propietarios pese a la dificultad de la nomenclatura de las obras".

stats