Michael Haneke: "No hago películas para hacer sufrir"
El director estrena el sábado en el Real su 'Cosí Fan Tutte', un día antes de acudir a los Oscar con 'Amor'
Un cineasta experto en sacudir al espectador, Michael Haneke, y una de las óperas más luminosas de Wolfgang Amadeus Mozart, Cosí Fan Tutte, convergerán el sábado 23 en el Teatro Real de Madrid en un esperadísimo montaje del que el director austríaco no quiso desvelar nada.
"Dejaos sorprender", dijo el ganador de dos Palmas de Oro en Cannes y, a partir de ayer, también Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, sobre su aproximación a la combinatoria sentimental y la ópera bufa.
No podrá asistir al estreno de su segunda experiencia operística -tras la también "mozartiana" Don Giovanni-, porque estará preparándose en Hollywood para defender su Amor, finalista a cinco premios Oscar, y no quiere hablar de cómo va a ser su nueva propuesta artística para que el público llegue sin prejuicios. "De mis películas sí que hablo, pero no quiero dar un manual de instrucciones para que el público la entienda", se justificó.
¿Hará sufrir a la audiencia también, el director que mostró a Isabelle Huppert cercenándose el clítoris en La pianista o filmó un secuestro aleatorio a una familia burguesa en Funny Games, en las lujosas butacas del Real? "Tampoco hago películas para que el espectador sufra, pero, si sufre, tendrá sus razones", explicó ante las risas de los asistentes. "Yo hago las cosas que me dan placer", añadió, alimentando la teoría de quienes lo consideran un auténtico sádico. Nacido en Munich (Alemania), pero de nacionalidad austríaca y adoptado culturalmente por Francia, Haneke lleva en Madrid desde el 2 de enero, enclaustrado en el Real, para que todo salga perfecto en esta obra en la que la dirección musical corre de la mano de Sylvain Cambreling y la musical de Till Dormann. Aunque nació en la Baviera de Wagner, su nacionalidad austríaca adquirida le acerca más a ese Mozart que visita por segunda vez. Y él cuenta así su relación con el músico de Salzburgo: "Con Mozart estás condenado a fracasar. La gran cuestión es a qué nivel va a estar tu fracaso. Es importante respetar los dos tiempos: en el que Mozart la compuso en 1790 y en el que estamos ahora. El historicismo puro es una ilusión, porque no se sabe cómo era la época en el siglo XVIII", apuntó.
El director considera que tanto el cine como la ópera "son una cuestión de ritmo", resume, aunque detesta cuando en las películas "la banda sonora sirve para ocultar las debilidades del guión" y prefiere usar música ya conocida, como la creada por Bach que utiliza en Amor.
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