Cultura

Música y teatro para conmemorar al Abate Marchena, el gran heterodoxo

  • Utrera celebrará durante 2018, desde abril, los 250 años del nacimiento del singular ilustrado

Un instante de la presentación, ayer en Utrera, del Año Cultural Abate Marchena (a la derecha, Cristóbal Ortega). Un instante de la presentación, ayer en Utrera, del Año Cultural Abate Marchena (a la derecha, Cristóbal Ortega).

Un instante de la presentación, ayer en Utrera, del Año Cultural Abate Marchena (a la derecha, Cristóbal Ortega). / D. S.

Vivió rápida e intensamente en un tiempo de torbellinos y cambios trascendentales, no en vano fue testigo -y, con todo su ímpetu que no era poco, procuró ser bisagra- del proceloso cambio del Antiguo Régimen al mundo moderno. Tras estudiar leyes en Salamanca, se marchó a Francia, donde vivió los días de la Revolución, sufrió la persecución de Robespierre, fue condenado por éste a la guillotina (y escapó por los pelos), acabó en prisión (donde inventó una religión, que llamó "Ibrashcha"), apoyó al recobrar su libertad el golpe de Napoléon, trabajó para él como funcionario encargado de las finanzas de Centroeuropa. De regreso en España, trabajó para José Bonaparte, apoyó con ardor la causa liberal en un país invadido por las tropas napoleónicas (ganándose la furiosa animadversión de los conservadores; uno de ellos, pero francés, y célebre, en concreto Chateaubriand, lo llamó "sabio inmundo", e incluso en el insulto le alabó el talento). Pero además, en su faceta más propiamente intelectual, José Marchena y Ruiz de Cueto, al que llamaban, de forma irónica (era ferozmente anticlerical y antimonárquico), Abate Marchena, escribió teatro, fundó revistas (El Observador) y, sobre todo, tradujo y difundió como si la vida le fuera en ello a los tres grandes clásicos de la Ilustración, Montesquieu, Voltaire y Rousseau (suya fue la primera edición española de El contrato social), y aún le quedó tiempo para introducir también en el país la Doctrina del Liberalismo Económico de Adam Smith. Fallecido en Madrid en 1821 a los 53 años, el Abate Marchena fue, en fin, uno de esos grandes heterodoxos que jalonan la historia de España, y que desgraciadamente "muchas veces", lamenta Cristóbal Ortega, "quedan en el olvido".

Para remediarlo y darle además "el lugar que merece", Utrera, la localidad donde nació este personaje desaforado y por momentos casi inverosímil en su multiplicación de afanes muchas veces adelantados a su tiempo, le va a dedicar durante todo este año, en el que se cumplen 250 años de su nacimiento (en 1768), un ambicioso programa de actividades que pretende reivindicar la figura y la obra de este extraordinario hombre de letras (y de acción). Ortega, director de la Bienal de Flamenco de Sevilla en sus ediciones de 2014 y 2016, ha confeccionado la programación del Año Cultural Abate Marchena, que incluirá música, artes escénicas, conferencias e intervenciones en la propia ciudad (como el Jardín de la Ilustración, que se instalará en la antigua casa palacio de la familia Cuadra, y el Salón de Madame Stäel, en la Plaza del Altonzano, espacios donde se desarrollarán actividades lúdicas, relacionadas por ejemplo con la tradición repostera del lugar, pero también de índole didáctica).

Fue testigo, e intentó ser bisagra, del cambio del Antiguo Régimen al mundo moderno

La programación comenzará en abril y tendrá su principal aliciente en un potente ciclo de conciertos que llevará a Utrera a formaciones de primer nivel para interpretar distintas composiciones de los años de la Ilustración, entre ellas la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (28 de septiembre en la Plaza del Altozano), la Orquesta Barroca de Sevilla (17 y 18 de noviembre en el teatro municipal) o la Accademia del Piacere junto a Nuria Rial (8 de junio, en el castillo de la ciudad). Habrá muchas otras citas musicales a cargo de intérpretes de reconocido prestigio, desde el Cuarteto Goya junto a Xavier Díaz-Latorre (27 de abril) al joven pianista Juan Pérez Floristán (25 de mayo), pasando por Nerea Berraondo y Ainhoa Urkijo (11 de mayo), el trío formado por clarinetista Diego Montes, el violonchelista Claudio Baraviera y el pianista Óscar Martín (5 de octubre), Johanna Rosa y Javier Núñez (19 de octubre) o el dúo de Rafael Ruibérriz y Antonio Duro (26 de octubre). También tendrán su protagonismo las formaciones locales, con la Orquesta Sinfónica de Utrera (4 de mayo) y la Sinfónica Unificada de la ciudad (22 de junio) presentes en la programación; además de la música popular de la época del conmemorado, que estará representada por un proyecto del cantaor Tomás de Perrate y el grupo de música contemporánea Proyecto Lorca con el asesoramiento del artista conceptual Pedro G. Romero (15 de junio).

También las artes escénicas servirán para recordar y divulgar la trayectoria y las aportaciones del Abate, mediante dos iniciativas aún sin fecha, aunque se anunciarán pronto: por un lado, Vidas y ficciones del Abate Marchena, una obra que mostrará las principales hitos en la vida del mismo y que la compañía Guate Teatro representará en distintos espacios al aire libre; por otro, un taller que impartirán la Escuela Pública de Formación Cultural de Andalucía y el director teatral Juan Dolores Caballero, cuyo fin será llevar a escena -en la Casa de la Cultura- la tragedia Polixena, con la que el Abate, como bromea Ortega, "se adelantó también al actual microteatro", al indicar el autor muy específicamente su naturaleza: "una pieza breve, fácil de ejecutar en cualquier casa particular, de no más de 30 minutos de duración, destinada a ser representada por muy pocos actores y con el objetivo de entretener una velada".

Una serie de conferencias -de Luis Alberto de Cuenca, José Calvo Poyato, Javier Sierra y Santiago Posteguillo, entre otros- y un libro colectivo, coordinado por la escritora y periodista Eva Díaz Pérez, reunirá relatos de "grandes nombres de la literatura nacional" actual acerca de las muy diversas peripecias del Abate (lo publicará en otoño la Fundación José Manuel Lara). Argumentos, o sea, no van a faltar para indagar en las andanzas de un hombre que vivió medio siglo, aunque pareció estiralo, con su vértigo, hasta más de uno.

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