JACQUES OGG | CRÍTICA

Músicas para el Gran Siglo

Jacques Ogg Jacques Ogg

Jacques Ogg / D.S.

El próximo 10 de noviembre se cumplirán los trescientos cincuenta años del nacimiento en París de François Couperin, la figura más brillante de la escuela francesa de clavecinistas de los siglos XVII y XVIII y culminación de una larga saga familiar de músicos. Tal efeméride ha posibilitado la presencia en Sevilla de uno de los más conocidos clavecinistas, especialista clásico en la obra de Couperin por añadidura, como es Jacques Ogg, que abrió ayer por partida doble el ciclo otoñal de los Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla.

El holandés conoce a la perfección las claves estilísticas del Grand Goût francés de los tiempos de Luis XIII a Luis XV, con su retórica especial y su sobriedad en la manifestación de las emociones. Norber Elias analizó en su magistral La sociedad cortesana la construcción de un ethos cortesano en el siglo XVII consistente en la ocultación de las intenciones y los afectos bajo una capa de disimulación y tras un conjunto de formalismos dominados por el principio de elegancia y contención. La música de la época, especialmente la de cámara, asimila a la perfección estos presupuestos retóricos y así lo entendió Jacques Ogg. De técnica impecable y de un fraseo con gran atención a los detalles -como se vio en el Prélude non mesuré de Louis Couperin, deletreado con delectación por los silencios, las ralentizaciones y los grupetos ornamentales- y con gran capacidad para clarificar las texturas en, por ejemplo, las chaconas, Ogg se contuvo siempre a la hora de acentuar los ritmos danzables o de buscar juegos contrastantes en las dinámicas.

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