Tiempos de arte. Entrega I

Picasso, el enigma de la época azul

  • En la biografía artística del pintor aún sorprende este camino que rechazaron sus propios marchantes y clientes

Detalle de 'Retrato de Gertrude Stein' de Pablo Picasso (Metropolitan, Nueva York). Detalle de 'Retrato de Gertrude Stein' de Pablo Picasso (Metropolitan, Nueva York).

Detalle de 'Retrato de Gertrude Stein' de Pablo Picasso (Metropolitan, Nueva York).

Una oscura etapa de la biografía artística de Picasso es la llamada época azul. ¿Qué mueve a un joven, que ha logrado en París cierto nombre, sin cumplir los veinte años, a iniciar un camino que rechazan sus propios marchantes? ¿Por qué mantenerlo aunque la indiferencia del público hacia esas obras lo lleve al filo de la necesidad?

Picasso llega a París en vísperas de la Exposición Universal de 1900. El pabellón de España expone un cuadro suyo, Últimos momentos. Son meses alentadores. Dos marchantes, Pere Mañach y Berthe Weill, logran llevar su obra a la galería Vollard y a la colección Huc. Pero en esas expectativas hay una sombra, la obsesión de su amigo Carles Casagemas por la hermosa Germaine Gargallo. Picasso invita a su amigo a pasar el fin de año en Málaga. Las cosas no ruedan muy bien: la honesta familia provinciana no sabe qué hacer con tales bohemios. Casagemas vuelve a París. Picasso pinta sin cesar: en Madrid, Mujer azul (Museo Reina Sofía), Dama con sombrero de plumas (Art Institute, San Antonio, Texas) y en Barcelona, Margot y La bailarina enana (Museo Picasso, Barcelona).

En la capital catalana, mediado febrero de 1901, supo del suicidio de Casagemas: la prensa catalana recogió el triste fin del hijo de una familia conocida. Pero Picasso no vuelve a París hasta marzo. Es verdad que pinta Evocación, transfiguración de la muerte del amigo en los moldes del Entierro del Conde de Orgaz (Museo de la villa de París) y un cuadro mucho más duro, La muerte de Casagemas (Museo Picasso, París), pero tambien es cierto que en junio de 1901 expone obras llenas de ecos de Lautrec y van Gogh, y dos cuadros de las elegantes de Longchamp, cercanos a los Nabis. La muestra es el canto del cisne de un joven capaz de sintonizar con las diversas manieras del entorno. Ahora inicia otro camino, muy personal, pero que no va despertar el menor interés.

'La planchadora' (Colección Tannhauser, Nueva York) 'La planchadora' (Colección Tannhauser, Nueva York)

'La planchadora' (Colección Tannhauser, Nueva York)

Se ha explicado la época azul como un largo duelo por Casagemas. Argumento: un cuadro, La Vie, una reflexión sobre el amor y la maternidad, Germaine abraza a Casagemas (en los bocetos al propio Picasso) ante una mujer con un niño en brazos. Picasso trabajó mucho el cuadro y le sacrificó su primer lienzo expuesto en París, Últimos momentos (sobre él pinta La Vie), pero después lo considera un error: La Vie es un cuadro espantoso (épouvantable), dice en 1932, en Zúrich; las demás obras de la época azul, añade, no están mal.

Más convincente es Pierre Cabanne al definir la época azul como realismo miserabilista. Picasso se vuelve hacia los parias de la tierra. Pero ¿qué realismo es éste? ¿No son los personajes demasiado estilizados? Lo son, pero Picasso quiere subrayar ante todo su presencia: que sus cuerpos logren definir por sí solos el espacio del cuadro. No quiere narrar o describir, sino que los cuerpos desplieguen el cuadro como espacio de soledad y abandono.

Así ocurre en Mujer con capucha (Staatsgalerie, Stuttgart) y sobre todo en Celestina (Museo Picasso, París) donde deforma levemente la figura para que ahorme por sí sola el cuadro. En una obra algo posterior, La planchadora (Col. Tannhauser, Nueva York), Picasso elige un lienzo con proporción áurea para quebrarla en su interior: al bajar la horizontal de la mesa, la figura de la joven se estiliza y a la vez, manifiesta su cansancio. La planchadora era un tópico de la época. Picasso lo recoge, pero a diferencia de otros autores, no describe el cansancio ni narra el esfuerzo: intenta que la propia estructura del cuadro los haga efectivos.

'Retrato de Vollard' (Museo Pushkin, Moscú). 'Retrato de Vollard' (Museo Pushkin, Moscú).

'Retrato de Vollard' (Museo Pushkin, Moscú).

Si era este su empeño, la época azul podría verse como una primera orientación hacia el cubismo. El cuadro cubista, en efecto, no es un recinto para alojar la figura sino un espacio que la figura construye. El cuerpo lleva consigo su espacio, lo arrastra hasta el primer plano y así, es el propio cuerpo el que ahorma el cuadro. Así se aprecia ya en el Retrato de Gertrude Stein (Metropolitan Museum, Nueva York). Vemos qué entiende Picasso por realismo. No es el naturalismo: si en la época azul estiliza los cuerpos, aquí convierte el rostro en máscara. Realismo es garantizar la presencia de la figura, es la serena firmeza del cuerpo y el gesto de la dama, tan potente que es inútil detallar el sillón. El mueble es sólo eco del cuerpo de la Stein.

Mucho más acusadas son estas características en el cubismo. Recuérdese el delicado Muchacha con mandolina (MOMA, Nueva York) o el mucho más recio Retrato de Vollard (Museo Pushkin, Moscú). El cuerpo de Mme. Tellier o el del galerista (en visión frontal) no son sino el centro de una constelación que teje el espacio en torno hasta organizar el cuadro. El espacio ya no es ostensorio de la dignidad del gran hombre ni recinto que cobija al desamparado. El espacio es el que forma la propia figura, la del individuo moderno. Tal vez esa búsqueda, que quizá culmine en el cubismo, comience con el perfil de los desheredados de la época azul.

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