ROSS | CRÍTICA Triste concierto y triste asistencia

Leticia Moreno Leticia Moreno

Leticia Moreno / Omar Ayyashi

Esta moda reciente de ponerles títulos rimbombantes a los conciertos corre el riesgo de abocar a situaciones forzadas, cuando no netamente ridículas o bochornosas. Es el caso de este segundo programa de abono tan tardío y rotulado como Los maravillosos: Mendelssohn, Mozart y Moreno. Además de cursi la verdad es que es mucho forzar poner a Leticia Moreno al nivel de Mozart y Mendelssohn.

Y aún más después de la pobre actuación de la violinista, de quien guardábamos mejor recuerdo de su anterior paso por la ROSS. De sonido apagado, quebradizo, canijo y de definición oscilante, apenas si se acercó a una versión medianamente reconocible del concierto Turco de Mozart. El fraseo fue excesivamente blando, ayuno de acentos y de energía en los ataques y con abundantes momentos de una languidez soporífera. En el tercer tiempo intentó añadir alguna ornamentación puntual, pero siempre de forma abstrusa y fuera de estilo, como igualmente lo fueron las cadencias, suponemos que originales de la propia violinista. No hubo bis.

Pero no todo fue responsabilidad de la solista en este triste Mozart, pues la batuta de Gullberg Jensen hizo lo suyo (y lo hizo bien, hay que reconocerlo) para machacar todo atisbo de chispa en la música de Mozart. Ataques flácidos, sin un sólo acento, fraseo metronómico y lento hasta la somnolencia, desdibujaron la garra y la energía de esta obra. Como ya había hecho al abrir el concierto con una obertura Las Hébridas sin tensión, sin dramatismo y morosa en exceso.

Algo mejor, en materia de agógicas y de fraseo resultó la Escocesa, si bien aquí afloró una clara falta de coherencia global, con momentos sin tensión seguidos de arranques bruscos, poco definidos y descontrolados.

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