ROSS | CRÍTICA De Francia a Sevilla en tres décadas

  • La vida musical de esta ciudad no habría sido lo mismo en estos treinta años sin nuestra orquesta

Soustrot, una gran batuta para la ROSS. Soustrot, una gran batuta para la ROSS.

Soustrot, una gran batuta para la ROSS. / Guillermo Mendo

Era el concierto número 2.416 de la ROSS según el cómputo que reza en el programa de mano de este programa. A treinta años de distancia, echando la vista atrás sin nostalgia, la vida musical de Sevilla no habría sido lo mismo en estas décadas sin nuestra orquesta. Con sus más y con sus menos, el balance es extraordinario, sobre todo sabiendo de dónde veníamos.

Reproduciendo casi en su totalidad el programa inaugural, Soustrot volvió a mostrar la gran sintonía que mantiene con la Sinfónica desde hace muchos años, a la vez que su fino sentido del color y del fraseo, especialmente en un programa tan francés como éste. Y ponemos en cursiva lo de francés porque ambas obras del programa muestran inequívocos perfiles galos. Turina vierte sobre su fresco evocador de Sevilla toda la finura y el color de la orquestación francesa, especialmente la de Dukas, aprendida en su años de formación parisinos. Soustrot así lo supo recalcar, con una dirección atenta siempre a los juegos tímbricos, a las gradaciones fraseológicas y al desarrollo elegante de las frases. Y todo ello con una enorme claridad en las texturas y sin forzar nunca las dinámicas. A destacar el soberbio pasaje, por sedoso y empastado, de los chelos en Por el río Guadalquivir.

El sentido del equilibrio entre claridad y fuerza expresiva se manifestó en alto grado de excelencia en Cuadros de una exposición, pieza en la que Soustrot volvió a sacar los colores franceses de la orquestación de Ravel. El dramatismo contenido pero no menos expresivo se combinó con la monumentalidad sonora de una orquesta muy inspirada.

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