RUTH ROSIQUE & BART VAN OORT | CRÍTICA Clásicos, románticos y castizos

Bart van Oort y Ruth Rosique. Bart van Oort y Ruth Rosique.

Bart van Oort y Ruth Rosique. / C.C.E.

Desvanecido el prometido Femás de octubre por falta de presupuesto en el ayuntamiento, es la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla quien recoge el guante de mantener viva la presencia de la Música Antigua en la ciudad.

La encargada de ponerle voz a este sendero de sonidos de perfiles cambiantes del Clasicismo al Romanticismo fue Ruth Rosique, una soprano bien conocida en Sevilla y que es siempre un valor seguro para estos repertorios. Con el paso del tiempo aquella voz juvenil de soprano ligera ha devenido con la madurez una voz más bien lírica. Ha ganado cuerpo en el centro, que ahora suena redondo, de sobrada sonoridad, bien apoyado y bien conectado con el registro superior, esa franja en la que su voz se abre y brilla como antaño, en una transición suave y bien dosificada. Siempre fue una cantante implicada en la transmisión de emociones y lo demostró otorgándole sentido expresivo a las breves pero deliciosas canciones de Haydn y de Mozart, haciendo gala de una depurada línea de canto, como la que se pudo disfrutar en Dans un bois solitaire de Mozart. Sólo cabría pedir una mayor variedad en el uso de reguladores y de medias voces para evitar la monotonía del mezzoforte.

Van Oort mostró que se puede expresar lirismo y profundidad desde una articulación picada-ligada; basta con prestar atención a los acentos y dejar cantar a las voces con la claridad con la que lo hizo. Con libertad en la agógica mostró la profundidad de la sonata de Haydn, mientras que los juegos contrastantes dieron sentido al universo expresivo de la Claro de luna.

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