Crítica de Música

Sabor agridulce bien equilibrado

Hannon, durante la actuación con su banda el domingo en el Teatro Alameda. Hannon, durante la actuación con su banda el domingo en el Teatro Alameda.

Hannon, durante la actuación con su banda el domingo en el Teatro Alameda. / Oscaromi

Neil Hannon es un esteta del pop que confía plenamente en el poder de sus canciones. Su pop preciosista nos llegó a todos de forma muy fácil y compartimos con él su exuberante flujo de teatralidad y música de una forma tan rendida que el concierto debió haber sido soberbio y memorable, pero se quedó en una perfecta equidistancia entre sabores dulces y agrios.

Al poco de iniciar At the indie disco paró la canción porque la guitarra no estaba bien afinada, lo cual es un contratiempo sin importancia; pero cuando es él mismo el desafinado la cosa cambia. Su amplio registro se resintió al lanzar su voz intentando subir octavas, algo que no se podía arreglar parando Bad ambassador, y su fastuosidad sonora se diluía en las notas altas. Al recuperar el resuello en I like, ya en las postrimerías de los bises, confesó: "Yo fui joven", y aunque está lejos de su decrepitud, los desconchones en la suntuosidad vocal se notan más cuando uno es un crooner que cuando es vocalista de una banda de hard rock.

A la salida escuché a tanta gente decir que Neil Hannon había estado muy entregado como que se había mostrado muy relajado. Y es que cada uno disfrutó del concierto según lo que la banda haya significado para ellos a lo largo de los años, algo que fue otro motivo de la dualidad del concierto. Cuando mejor sonó fue en las canciones más tranquilas e intimistas, como Mutual friend o la deliciosa Funny peculiar, una de las cinco del reciente disco que está presentando, interpretada con Lisa O'Neill, la cantante que abrió la noche. Sin embargo, la gente respondió mucho mejor con la explosión de entusiasmo de Generation sex o su enfática rendición de National Express. Una magistral selección de canciones que marcó las distancias entre The Divine Comedy y los demás grupos entregados a la negrura de Scott Walker y a la canción ligera de Burt Bacharach, y que brilló sin llegar a deslumbrar.

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