Crítica de cine 'Formentera lady' Sacristán en la isla de los hippies

La conocida canción de King Crimson da título a este debú de Pau Durá que se hace fuerte en la presencia protagonista de un José Sacristán octogenario felizmente recuperado para el cine español contemporáneo como cuerpo con memoria que atraviesa su propia historia y acarrea las huellas y achaques de tantos personajes desde los años sesenta.

Una canción que recoge además el espíritu hippie de aquellos años libertarios en la isla balear que el personaje de Sacristán ha alargado tal vez más de la cuenta en su vida de músico de bares y vecino algo excéntrico, hasta que la visita inesperada de su hija para dejarle a cargo de su nieto trastorna su rutina para ponerlo frente al espejo.

Formentera lady se repliega así al retrato crepuscular y amable aunque lo hace con cierta superficialidad dramática, sin que esos personajes que rodean a Sacristán, empezando por el nieto, cojan cuerpo suficiente para que el innegable tono humanista y melancólico de la propuesta adquiera una mínima densidad emocional.

Tampoco ayuda mucho al conjunto el pulso algo inestable de la realización, a veces demasiado pendiente del preciosismo paisajístico (no sabemos qué pintan en una historia intimista esas imágenes tomadas desde drones), así como algunas salidas de tono, algunos quiebros de guion y unas prestaciones interpretativas algo dudosas que emborronan una propuesta tan digna y sencilla como también algo ingenua.