Sergi Belbel, la vida debajo de la línea de flotación

El dramaturgo, que vive una etapa de asombrosa productividad, traerá al Lope en octubre 'La punta del iceberg' y plantea un montaje con los sevillanos Roberto Quintana y Gregor Acuña .

Sergi Belbel, la vida debajo de la línea de flotación
Sergi Belbel, la vida debajo de la línea de flotación
Braulio Ortiz, Sevilla

13 de julio 2014 - 07:20

Confiesa Sergi Belbel que, a pesar de ser uno de los dramaturgos y directores más prestigiosos del país, en el trabajo con los intérpretes no tiene más metodología que recurrir al sentido común, situarse en "la mirada del espectador" y propiciar "que el actor esté tranquilo, que se sepa dueño del texto". El autor de piezas tan aplaudidas como Caricias o Después de la lluvia ha mostrado esa perspectiva serena de su oficio en un taller de interpretación que ha impartido en Sevilla, una cita organizada por la Fundación Aisge y La Fundición que se ha celebrado el jueves y el viernes. "Dos días nada más, pero lo suficiente para dar a conocer la obra de Antonio Tabares [un autor canario del que se han analizado diferentes escenas en este curso], y tomar contacto con actores de aquí y su forma de trabajo". En ese "pequeño diálogo" ha explorado las verdades ocultas y los sentimientos latentes que encierra todo comportamiento humano y por extensión todo gran texto teatral. "Hemos intentado ver lo que hay debajo de la línea de flotación. Tú muestras algo, pero tienes que jugar con las informaciones, los sobreentendidos, lo que no se explica pero se siente...", argumenta.

La elección de los escritos de Tabares para este curso no es casual: Belbel apostó por él desde que leyó fascinado La punta del iceberg, un retrato de la dureza del entorno laboral inspirado en la cadena de suicidios que se produjo en una empresa, y consiguió que el Teatro de la Abadía produjera un espectáculo que él dirige y que se verá en Sevilla, en el Lope de Vega, del 23 al 26 de octubre. Pero Belbel también planea llevar a escena junto con los sevillanos Roberto Quintana y Gregor Acuña otra creación de Tabares, Una hora en la vida de Stefan Zweig, reconstrucción, con algunas licencias dramáticas, del final del escritor austriaco. Acuña quiere que sea la nueva producción de Excéntrica tras Esperando a Godot y Hora de cierre, "con el hándicap de que la Junta ya no tiene ayudas a la producción. Así que estamos viendo cómo poner en pie un espectáculo de pequeño formato pero de grandes ambiciones: es un gran equipo y se merece el mayor cuidado, en términos de producción", apunta el intérprete ante el desafío de "ver a qué puertas podemos llamar. Esa obra se tiene que hacer y se va a hacer, pero aún no sabemos cómo".

Una hora en la vida de Stefan Zweig traería de nuevo a Belbel a Sevilla, y sería además otro flanco abierto para un profesional que encara un momento de asombrosa productividad. En el Teatre Nacional de Catalunya, institución en la que estuvo al mando entre 2005 y 2013, el dramaturgo y director "tenía un contrato de exclusividad y sólo podía hacer una obra al año", pero ahora ha recuperado "el espíritu freelance. En un año he tenido cuatro montajes: aparte de La punta del iceberg, hice Los días felices, de Beckett, en el Teatre Lliure, y un Pinter [Viejos tiempos], casualmente en la sala Beckett; antes la versión catalana de El crédito, de Galcerán... Clásicos y actuales, para lo privado y para lo público... La historia es aprender, siempre aprender, eso es lo importante. Buscar cosas nuevas, plantear preguntas al espectador, de eso se trata".

Y para la próxima temporada, Belbel estrenará con el Lliure Frank V, de Friedrich Dürrenmatt, un musical que gira alrededor de un banquero de dudosa moralidad. "Es un texto que se hizo en el 59, pero que parece escrito antes de ayer. Conocía la obra, pero cuando volví a leerla ahora no daba crédito. ¡Estaba hablando de lo que ocurre hoy!", exclama. Si esta versión le exigirá "afinar bien la pluma en las canciones", otro proyecto que tiene con el Teatre Romea también le ha supuesto un esfuerzo colosal: adaptar al catalán la Fedra de Racine. "Son 1654 versos alejandrinos, con rimas, con cesura... Acabé contando sílabas con los dedos, era inevitable. Y si me encallaba en un verso, no pasaba al siguiente", dice sobre los orígenes de una producción en la que tendrá a "la mejor actriz del mundo, Emma Vilarasau" y que rescatará "una de las obras más perfectas que hay; habla del sentimiento de culpa, de pasiones ilícitas, de tabúes de la sociedad, o de los peligros del enamoramiento exacerbado. Todo muy caliente, pero Racine lo aborda con frialdad, como Hitchcock trataba a esas rubias que bajo su aspecto gélido escondían un fuego interior brutal".

Con tanta adaptación, Belbel no encuentra hueco para la creación original. "Ahí hay un problema", reconoce. "Tengo al autor que soy muy abandonado. El último texto, Fuera de juego, era menor, hablaba de la crisis económica y fútbol, un deporte que me ha ido gustando con el tiempo... y ya con la era Guardiola no te cuento. Vi más de un partido en el palco del Camp Nou, yo invitaba a Guardiola al teatro, y él a mí al fútbol", cuenta divertido.

Decepcionado con su trabajo en la televisión -la serie Sin identidad "es un proyecto mío, pero no lo siento así"-, Belbel sí sigue queriendo hacer cine tras su experiencia con el libreto de Eva, de Kike Maíllo. "Pero qué putada es el cine, ¿eh?", lamenta. "Eva quedó muy bien, ganó premios... pero Kike no ha podido hacer otra película todavía". La última aventura de Belbel con los guiones ha sido en Stella Cadente, de Luis Miñarro, en la que a través de la historia de Amadeo de Saboya disecciona algunos males de la actualidad. "El discurso de la abdicación de este hombre dejaba a los españoles y a los políticos por el suelo. La analogía era tan salvaje, y tan simple, que pensé que había que hablar de la política de nuestro tiempo", opina sobre su aportación a un filme que es "un delirio visual, una película a contracorriente, que amas o que odias, valiente como todo lo que hace Miñarro".

stats