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El sombrero | Crítica

Entre el rigor documental y la fantasía

Un pasaje de 'El Sombrero' de la Cía. Estévez y Paños.

Un pasaje de 'El Sombrero' de la Cía. Estévez y Paños. / Daniel M. Patinga

El sombrero de tres picos, considerado por Gades "el gran ballet español", coreografiado por el ruso Leonidas Massine, ha sido la fuente de inspiración de Estévez y Paños para su propuesta El Sombrero, que no es una revisión de la historia original, la del corregidor y la molinera, sino una mezcla exquisita de rigor documental y fantasía, allí donde este no llega, de las circunstancias en las que se creó esta magna contribución al ballet español y mundial. Por el escenario del Lope pasaron Diaguilev, Massine y Félix Fernández, además de otros protagonistas de esta historia como Manuel de Falla, Lydia Sokolova, Tamara Karsávina, La Macarrona, Ramirito ... De hecho el guión se construyó con los libros de memorias de Massine, Sokolova y Karsávina, con citas directas. La puesta en escena disecciona la coreografía original de Massine para mostrarla en otro contexto narrativo, el de la creación de la misma y de la partitura, con lo que adquiere otro sentido narrativo: por ejemplo el proceso creativo de la farruca, con un cuadro en el que se superponen las coreografías de Félix, Massine y Ramirito, con la composición de la música por parte de Falla. O el hallazgo de una melodía deliciosa por seguidillas en la guitarra de un músico ambulante ciego en las calles de Granada. O como Félix cambia la rítmica de la farruca y prácticamente dicta con sus pies la partitura al compositor gaditano. La función está profusamente documentada, no sólo con los textos citados, también con elementos tomados de fotografías, filmaciones, registros sonoros, cuadros, etc.

Lo mejor de la obra es la interpretación que sus autores hacen del desencuentro de Félix con Diaguilev y su proceso de enajenación que lo condujo al sanatorio de Epsom. Aquí Estévez y Paños se dejan llevar por su imaginación para mostrar la parte más sentimental, y emotiva, de la obra. De todo ello, interesante y complejo, me quedo con la relación de Sokolova con Félix porque Estévez y Paños han deducido, con razón, que si alguien entendió en esta historia a Félix fue la Sokolova, ella misma desplazada también del rol protagonista por la llegada de Karsávina, y que fue, en la fantasía de Estévez y Paños, la última visita que recibió Félix en Epsom. Las memorias de Sokolova son las más cercanas a la realidad, por la ausencia total de divismo que presenta el texto. Una verdad que, probablemente, no llegaremos a conocer jamás.

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