Brisas caribeñas y trompetas

Yuzuru Hiranaka | Crítica

Yuzura Hiranaka saludando con admiración el instrumento de los Venerables.
Yuzura Hiranaka saludando con admiración el instrumento de los Venerables. / P.J.V.

La ficha

Yuzuru Hiranaka

**** I Ciclo Internacional de Órgano Francisco Correa de Arauxo. Yuzuru Hiranaka, órgano.

Programa:

Hina Sakamoto (1968)

Seven holy gifts of Pentecost–Veni Creator Spiritus (2014)

Francisco Correa de Arauxo (1584-1654)

Segundo tiento de tiple de séptimo tono / Segundo tiento de quarto tono, a modo de canción (1626)

Johann Sebastian Bach (1685-1750)

Sonata en trío VI en sol mayor BWV 530

Fr. Diego Da Conceiçao (c.1650-1700)

Batalha de 5 Tom

Anders Danman (1958)

Sub Communione (2011-2012)

Ernesto Lecuona (1895-1963)

La brisa y yo [De Andalucía, Suite Española; arreglo para órgano de Shigeo Sekito y Yuzuru Hiranaka] (1928)

Olivier Messiaen (1908-1992)

Dieu parmi nous [De La Nativité du Seigneur] (1935)

Lugar: Iglesia de los Venerables. Fecha: Viernes, 10 de junio. Aforo: Media entrada.

Cambiar los 40º de la espera en la calle Jamerdana por el interior mucho más fresco de los Venerables fue desde luego un alivio. El ciclón después no se llamaba Álex ni venía de África, sino Yuzuru Hiranaka y lo hacía de Japón. Su actuación resultó un prodigio de virtuosismo y brillantez.

Hiranaka buscó con ahínco los contrastes. Así al arranque con una obra de enorme potencia sonora de su compatriota Hina Sakamoto siguieron dos tientos de Correa de Arauxo en los que lució sobre todo su capacidad ornamental. La Sonata en trío BWV 530 de Bach sonó con registraciones leves: todo fue italianísimo, elegante, claro y transparente en ella, un portento de lucidez. Luego sacó todo el brillo y la fuerza de la trompetería horizontal del instrumento, con una Batalla de un compositor portugués en la que enfatizó también los contrastes con unos pasajes deliciosos para la chirimía y el bajoncillo.

Una obra serial del sueco Anders Danman, presente en el concierto, sirvió para enfilar la última parte del recital, que se concretó en un arreglo de “La brisa y yo”, un bolero de la Suite Andalucía de Ernesto Lecuona (original para piano), para la que el organista asiático empleó algunas percusiones caribeñas, y que resultó también fuertemente contrastada con “Dieu parmi nous”, pieza que cierra la monumental Nativité del joven Messiaen y que Hiranaka tocó con pasmosa agilidad y multitud de detalles agógicos y tímbricos. Encantado con el instrumento de Grenzig, a la hora de los saludos Hiranaka le aplaudió, le lanzó gestos de aclamación y hasta terminó por besarlo.

Hasta ahí, incluida la propina, con la bulliciosa Andaluza de Lecuona, todo fue brisa y celebración del sonido. Al franquear el pórtico del templo la realidad impuso sus ardores.

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