Dos caminos del arte crítico
Pereñíguez reflexiona en Rafael Ortiz sobre las hondas contradicciones de nuestra cultura, e Isaías Griñolo plantea un discurso antimilitarista en Weber-Lutgen
Hace pocos días se cumplió el aniversario del estreno del Cuarteto para el fin de los tiempos de Olivier Messiaen. Tal première, como se sabe, tuvo lugar en un campo de trabajo nazi en el que Messiaen estaba como prisionero de guerra. Con él fueron a parar allí otros dos músicos, el clarinetista judío Henri Akoka y el cellista Étienne Pasquier. En el campo encontraron a un violinista, Jean Le Boulaire. Los cuatro interpretarían la pieza que fue anunciada con el pertinente cartel y a la que asistieron los cuatrocientos prisioneros del campo con una atención, según decía Messiaen, rayana en el rapto.
José Miguel Pereñíguez (Sevilla, 1974) medita sobre tal acontecimiento en un gran dibujo que puede que sea el centro de su exposición. En la pieza, de considerables dimensiones, aparecen las sillas de los cuatro intérpretes sobre una tarima y a corta ditancia de una reja que cubre casi toda la superficie del cuadro y de la que cuelga el cartel anunciador del concierto. Arriba, sobre los barrotes, otro cartel, el que solía aparecer en aquellos temibles campos: "El trabajo hace libre". Por fuera de la cancela y a poca distancia de ella hay un atril. Es el lugar del espectador. No se le invita a ver el dibujo ni a rememorar la obra de Messiaen, sino a reflexionar sobre esta música en cautividad, invención bajo la violencia que hace pensar en las hondas contradicciones de nuestra cultura.
Pereñíguez une en su trabajo dos dimensiones que algunos pueden pensar como excluyentes entre sí: el cuidado de la forma y el rigor de la idea. Los dibujos son exactos y parecen hechos por sustracción, es decir, quitando el sobrante del carbón, como Miguel Ángel suprimía la piedra que ocultaba la escultura. No son, sin embargo, gratuitos: componen un itinerario. Si el músico Messiaen remite a los dibujos que se ocupan de la máquina dodecafonica de Schönberg, la alusión en su obra al Ángel de la Apocalipsis envía a los irónicos dibujos de la Ciudad celestial: una caja que contiene un relieve bajo el que está escrita la palabra Jerusalén. No sé si cabe relacionar con el trabajo central la serie de diez dibujos sobre el extravío de los restos mortales de Schiller. Más fácil es ver en ellos una reflexión sobre la debilidad de la visión y la propensión al error del que tantos han llamado el más transparente de los sentidos. Un tema apropiado para un pintor.
La muestra de Isaías Griñolo es un alegato antimilitarista y una reflexión sobre nuestra cultura. Una variada documentación, un vídeo y una gran pintada la componen. El centro del debate lo ocupa la fabricación del avión Air.bus, A400M en el que se ocupa la factoría EADS, antes CASA, de Sevilla. En torno a ese debate se cruzan las dos ideas señaladas: de un lado el rechazo del autor a unas tecnologías que directamente o no apuntan a la destrucción. Desde este punto de vista, el discurso es riguroso: más que pacifista es una crítica al militarismo. La otra idea, dada sobre todo a través de diversos poemas, es un toque de atención sobre nuestra cultura: qué tipo de mundo estamos construyendo (o destruyendo), qué empleo estamos dando a la tecnología, cómo la presión del hacer o del negocio deja a un lado la reflexión.
Si la primera idea se desarrolla en la documentación presentada, la segunda la sintetiza el vídeo en el que se lee un texto de Jorge Riechmann, poeta, sociólogo y ecologista, mientras que en la otra mitad de la pantalla un documental recoge los actos entre sociales y festivos de la inauguración oficial del proyecto A 400M.
La muestra hubiera ganado enteros de haber cogido las aguas más arriba: en el proceso de desindustrialización que sufrió Sevilla en los años 80 y en el análisis del alcance y dimensión del parque tecnológico de la Cartuja. La conversión de la ciudad en espacio para la administración y los servicios, y la modesta realización de las expectativas tecnológicas señalan con claridad cuál es la situación de Sevilla en la división internacional del trabajo. Algo sobre lo que al menos merecería la pena discutir, discusión que probablemente otorgaría un contexto más amplio a una exposición como ésta.
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