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Un día en Nueva York con Woody Allen | Estreno en Movistar+

Diálogos de la resistencia

Imagen promocional de este documental-entrevista.

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Carlos Colón nos recordaba hace una semana en su columna el lanzamiento de un canal dedicado a Woody Allen en Movistar + casi como un gesto político cuando hasta hace apenas unos años hubiera sido un mero ejercicio de justicia cinéfila o de mero gancho comercial para la plataforma. En ese tiempo, Allen se ha convertido en un apestado que estrena clandestinamente sus películas en Estados Unidos, donde ya no encuentra productores, teniendo que depender de amigos y admiradores europeos que, a cambio de sacar bonitas sus ciudades, se lo traen a rodar en Barcelona, San Sebastián, Roma, Londres o París.

Víctima propiciatoria de la cultura de la cancelación, que sabe señalar siempre sus grandes objetivos en busca del castigo ejemplar, y mal que les pese a algunos, Allen siguen haciendo películas, más de 50 ya en su currículum, incluso buenas películas (véase la última, Golpe de suerte), y eso es lo que le interesa a David Trueba en esta entrevista-documental de apenas cincuenta minutos que sirve de presentación y guía a este merecido y siempre gratificante ciclo que ahora pueden montarse en casa.

Sentados frente a frente en las oficinas del cineasta en Nueva York, en un tono serio, amable y respetuoso, Trueba y Allen conversan exclusivamente sobre el cine y las películas del segundo con ritmo fluido, preguntas precisas y bien preparadas, ilustraciones oportunas y respuestas que, si bien siempre se arrogan esa (falsa) modestia del gran artista que se quita importancia, desgranan una trayectoria y revelan unos modos de trabajo que han cumplido ya más de medio siglo de carrera regular y continuada a pesar de los pesares.

Los primeros pasos y el aprendizaje del oficio, el proceso de levantar cada nuevo proyecto, las colaboraciones de formación con el montador Ralph Rosenblum o el director de fotografía Gordon Willis, la relación con las estrellas, sus películas de maduración (Annie Hall), su método laxo de dirección de actores, su manera de escribir diálogos encabalgados, la adecuación del estilo a los materiales, sus títulos más queridos (La Rosa Púrpura del Cairo), su relación con la magia o su visión más bien pesimista sobre el futuro del cine son algunos de los temas sobre los que Allen siempre tiene una respuesta más o menos sabida o más o menos sencilla que deja ver a un cineasta interesado a sus 88 años en seguir trabajando como los viejos artesanos de Hollywood y a no mirar con demasiada nostalgia al pasado. Ojalá alguna película más que añadir a ciclos como este o esa esperada novela que aún se le resiste.