Érase una vez en la Rusia post-soviética
El mago del Kremlin | Crítica
La ficha
*** 'El mago del Kremlin'. Thriller político, Francia, 2025, 156 min. Dirección: Olivier Assayas. Guion: O. Assayas, E. Carrère. Fotografía: Yorick Le Saux. Intérpretes: Paul Dano, Jude Law, Alicia Vikander, Jeffrey Wright, Tom Sturridge, Will Keen.
Vuelve Olivier Assayas al thriller político (Carlos, La red avispa) y lo hace para mirar en visión panorámica la deriva autocrática de la Rusia post-soviética a partir de la novela-ensayo de Giuliano da Empoli, con un guion escrito en colaboración con el especialista Emmanuel Carrère (Limonov), y a través de un personaje de ficción, trasunto de varios asesores y jefes de gabinete de Putin, que funciona como guía por los acontecimientos de la historia reciente de aquel país, desde el colapso del régimen comunista hasta la anexión de Crimea o la actual invasión militar de Ucrania, pasando por otros eventos como la guerra en Chechenia, el hundimiento del Kursk o las Olimpiadas de invierno de Sochi.
Lo hace también, así hay que entender el prólogo que activa su relato desde un encuentro entre un periodista norteamericano y nuestro protagonista (Paul Dano), con cierta voluntad pedagógica para explicar el asunto a un espectador occidental, o lo que es lo mismo, asumiendo las formas del género y la deriva fluida como estructura y peaje de una manera de contar y explicar las cosas sin entrar en demasiados detalles y bajo la máscara de la suplantación, el trazo único, los parecidos razonables (con Jude Law como Putin en el límite de la caricatura), el drama íntimo (algo prescindible en la relación con la mujer que interpreta Alicia Vikander) y ocasionales insertos documentales que sirven de anclaje de verosimilitud.
A pesar de todo ello, El mago del Kremlin presenta a Vadim Baranov como un nuevo Rasputín 3.0 siempre adelantado a y gestor de los acontecimientos desde sus orígenes como dramaturgo experimental y productor televisivo, visionario ejecutor de estrategias con las que hacer recuperar a Rusia la verticalidad del poder y el esplendor perdido en un doble y arriesgado juego entre el nuevo Zar y los asesores, grupos marginales y oligarcas que ayudaron a auparlo pero que pronto se convirtieron en un obstáculo para su mando absoluto.
Assayas se mueve con innegable soltura por un terreno minado de diálogos explicativos y reubicadores que funcionan como mapa de certezas, pero también como condensadores shakesperianos de esa batalla por el ego y el discurso que, a la postre, rige la geopolítica contemporánea. Y lo hace incluso a pesar de los excesos caricaturescos y las ganas de contarlo todo que acechan a su película, de nuevo propulsada hacia el presente y sus circunstancias no especialmente tranquilizadoras. Valga apuntar también que, por una vez y sin que sirva de precedente, nos alegramos de haberla visto doblada y no en su inglés original con acento ruso.
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