Crítica de Cine

El gran armario americano

No andan desencaminados los que han querido ver en esta Con amor, Simon una puesta al día de aquellas comedias adolescentes dirigidas por John Hughes en la década de los ochenta, títulos como Dieciséis velas, El Club de los cinco o Todo en un día que retrataron los rituales de tránsito, la diferencia o los estereotipos del high school desde una sensibilidad pop no exenta de empatía y cariño hacia sus criaturas.

La cinta de Greg Berlanti (El club de los corazones rotos, Como la vida misma) no oculta su parentesco con aquellos filmes desde su clara voluntad mainstream a la hora de dar cuenta de una salida del armario en un ámbito suburbial de clase media sin cargar las tintas sobre el drama ni mucho menos sobre la caricatura del rechazo o las dificultades del entorno. Todo en esta película fluye con una pasmosa naturalidad realista poco frecuente en el género, llevando de la mano sin estridencias el reconocimiento generacional y el conflicto de identidad de nuestro protagonista, un chico normal, sensible e inteligente que a sus 17 años aún no ha afrontado socialmente su homosexualidad y al que un estupendo Nick Robinson presta unos modos y una templanza que auguran una prometedora carrera.

También como en Hughes, Berlanti es capaz de querer y comprender a todos sus personajes sin llevarlos nunca al trazo grueso, desde el grupo de amigos a los padres liberales, desde el compañero que lo extorsiona a ese profesor que pone el contrapunto cómico en las situaciones más embarazosas. Y también sabe adoptar el aire de los tiempos, las relaciones virtuales, el universo de las redes sociales o la nostalgia musical como ingredientes populares que se integran de manera natural en un edificante relato a media voz sobre la diferencia, las pequeñas valentías cotidianas y el deseo como motor de cambio y afirmación.

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