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'Todos llevan máscara', la vida literaria contada por Laura Freixas

  • La escritora presenta hoy el segundo volumen de sus diarios, nueva crónica de los miedos y la incertidumbre del oficio de escribir

Laura Freixas (Barcelona, 1958) prosigue con el proyecto de sus diarios. Laura Freixas (Barcelona, 1958) prosigue con el proyecto de sus diarios.

Laura Freixas (Barcelona, 1958) prosigue con el proyecto de sus diarios. / javier albiñana

"Durante muchos años", cavilaba Laura Freixas en 1995, "tuve la sensación de que mi vida alcanzaría un día su sentido. Lo que yo iba dejando escrito (las cartas, el diario) eran como preguntas que un día tendrían respuesta, como si su significado estuviera cifrado y un día fuera a encontrar la clave que me permitiría descifrarlo. (...) Ahora ya no. (...) Lo cual significa que la incertidumbre, que tanto me angustia, no llega nunca a un término, a un puerto, a un punto final. Y, paradójicamente, si la incertidumbre es total y permanente, entonces lo único sólido, indiscutible, cierto, es, en cada momento, el instante presente...".

La reflexión pertenece a Todos llevan máscara, segunda entrega de los diarios que Freixas publica en Errata Naturae, un volumen que la autora presenta hoy, a las 21:00, en la Pérgola, acompañada de Carmen G. de la Cueva, un acto que forma parte de la programación del Centro Andaluz de las Letras para la Feria del Libro de Sevilla.

Si en Una vida subterránea, el anterior título de este proyecto,Freixas relataba los desvelos e inseguridades de una escritora mientras redacta su primera novela, aquí la protagonista ya está en la fase de corrección de ese texto y en busca de un editor que lo publique. En el tramo de estos diarios, la narradora anda en la segunda mitad de la treintena, pero no han llegado ni las certezas que aguardaba ni ese éxito que en sus previsiones compensaría los esfuerzos por dedicarse a la literatura. "He llorado a lágrima viva en la sesión, recordando que ya a los once años me reprochaba: ¿cómo es que teniendo ya once años no eres famosa?, y que sigo en las mismas a los casi treinta y siete. La analista, con dulzura: lo sorprendente no es que no sea usted famosa a los treinta y siete, sino que siga estancada en la idea que tenía a los once. Qué perogrulladas nos dicen los analistas, y cuánto necesitamos y nos alivia que nos las digan".

Como ocurría en el anterior volumen de sus diarios, la autora de Último domingo en Londres o Adolescencia en Barcelona hacia 1970 conmueve al lector con la fuerza de sus confesiones, especialmente cuando deja constancia -porque su reciente maternidad y la vida sentimental aún le proporcionan cierta estabilidad- de que su empeño de triunfar en las letras no ha cuajado como desearía. "No puedo evitar sentimientos tan devastadores -dice- como los que me provoca esa imagen mental: los autores publicados, halagados, plateados, como miembros de un selecto club donde todo son guiños y sonrisas, y a cuya puerta, bajo el cartel: RESERVADO EL DERECHO DE ADMISIÓN, discretamente me echa a patadas un bedel".

Por las páginas de este diario aparecen personalidades de la vida literaria como Juan Cruz, Belén Gopegui o Andrés Trapiello, y Freixas retrata un mundo donde todos llevan esa máscara del título y manejan un código ambiguo que la escritora, crítica y traductora protagonista tardará en descifrar. "Madrid: por fin lo he entendido (...) ...por fin he aclarado cómo funciona esta ciudad. Resulta que aquí, cuando a uno le dicen: Hemos comprado tres libros de Sylvie Germain, tienen que estar traducidos los tres en agosto a más tardar, mañana te llamo para firmar el contrato, hay que entender: Estamos pensando en comprar un libro de Sylvie Germain, y quizás alguno más, pero no nos hemos decidido todavía; si compráramos alguno no estaría mal que lo tradujeras en septiembre (...)".

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