Benjamín Prado. Escritor

“Mi mayor anhelo es morirme con mi lista negra en blanco”

  • Con ‘Los treinta apellidos’, en la que retoma a su personaje Juan Urbano, el autor indaga en el origen esclavista de algunas grandes fortunas de España

El novelista y poeta Benjamín Prado. El novelista y poeta Benjamín Prado.

El novelista y poeta Benjamín Prado. / Lourdes de Vicente

La inconfundible voz de Bob Dylan suena y los amplios rasgos de Benjamín Prado se achatan en una sincera sonrisa. “¡Qué más puedo pedir, Cádiz y Dylan, qué buen comienzo de nuestra cita!”. Y es que el escritor hace esta entrevista antes de presentar su libro en su amada Rota (donde, como en una suerte de superstición, siempre termina sus novelas y a la que siempre menciona en sus libros), y desafió al levante gaditano para hablar de Los treinta apellidos (Alfaguara) o de los piratas de ayer, hoy y siempre. Porque eso quiso hacer el literato, “una de piratas”, en la que es la cuarta novela de las diez obras que protagonizará su peculiar y carismático investigador, Juan Urbano, que avanza (y avanzará) “del cinismo al civismo” en esta serie donde el autor “juguetea” con los géneros (el histórico en Mala gente que camina, el de espías en Operación Gladio y el negro en Ajuste de cuentas) y se lo pasa “bomba, como si fuera un niño de ocho años escribiendo una novela”, asegura.

–¿Cómo alguien quiere escribir una de aventuras y acaba hablando de los cimientos oscuros de algunas de las grandes fortunas de este país?

–Pues porque las novelas de esta serie tienen dos planos, el histórico y el actual y porque, salvando todas las distancias, porque no es lo mismo meter 200 personas en un barco, que se te mueran 100 y a las otras las marques como animales y las muelas a latigazos, que tener a un niño cosiendo balones 16 horas diarias y pagarles tres céntimos, pero se llama igual. Se llama neocolonialismo, se llama abuso, se llama semiesclavitud o esclavitud completa. Y es porque lo mismo que toda Europa está construida sobre el colonialismo y sobre la esclavitud, la economía de toda Europa sigue funcionando con una idea neocolonialista: hay que ir allí, quitarle sus materias primas, montar empresas que se lleven la pasta y la materia, meterles deuda pública y que ni se les ocurra venir para acá que les ponemos una valla con concertinas.

–Economía, crisis, Ibex 35, capitalismo... Son palabras muy grandes pero muy abstractas, engañosas, porque todo tiene sus nombres y apellidos, ¿no? Treinta incluso...

–Totalmente. Esa es la clave de toda esta serie, y por eso esta novela tiene todo el rato una frase de Balzac (“detrás de cada gran fortuna se esconde un crimen”) pero toda la serie está amparada en otra de sus frases, “la novela cuenta la historia privada de los países”, que es lo que estás diciendo. Claro, en esta parte del mundo todo parece explicarse mediante las cifras, y uno tiende a pensar, como decía Lorca en Poeta en Nueva York, el mayor alegato contra el capitalismo que se ha escrito, que “debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato”. O de persona.

–Y sin embargo, usted mantiene siempre una mirada esperanzadora, es curioso...

–Porque yo estoy muy orgulloso de la gente de España, la gente que conozco es trabajadora y honrada en el 90%, todos trabajan más de lo que les pagan. Lo malo es que llega el peor de cada casa al poder.

–O no llegan, es que siempre estuvieron allí. De eso va Los treinta apellidos, ¿no?, de los que siempre están ahí...

–De hecho de ahí sale el título, de algo que dijo uno de los grandes empresarios de este país, de cuyo nombre no me da la gana acordarme nunca, en un corrillo: “el Ibex 35..., vamos a ver, nosotros lo llamamos el 30+5, hay cinco que van y vienen, pero los otros 30 somos las 30 familias que mandamos en España desde hace 200 años”. Esta frase merece una novela pero hay que pelear contra ella.

–¿Hay personajes reales?

–Uno por familia, “uno por mejilla”, como dice Sabina. El de la familia catalana es Joan Maristany, un tipo que se cargó la Isla de Pascua cuando llegó con su barco allí y se carga a la cultura Rapa Nui, matando allí a gente y llevándose a otros, entre ellos, a los sacerdotes que conocían el lenguaje y demás, y cuando vuelve a España es un prohombre de su lugar; y el otro personaje real es un gallego llamado Urbano Feijóo de Sotomayor... Feijóo, los apellidos... Y a este tipo se le ocurrió la brillante idea, cuando los negros se ponen farrucos en Santo Domingo y Haití, de repoblar los ingenios azucareros cubanos con gallegos pero diciéndoles que iban en calidad de colonos y, realmente, se los llevaba de esclavos. Murieron como chinches allí... Ya el resto de personajes son inventados y quieren significar que hoy en día seguimos ejerciendo la piratería pero solo en un mundo en el que navegar se le llama estar en tu casa sentado en el ordenador, y ser un pirata, también.

–Y la brecha cada vez más grande entre saqueadores y saqueados.

–Yo creo que el gran fracaso de nuestra época es el de la desigualdad. A ver, y quiero precisar que esta novela no es una novela contra los ricos ni contra la riqueza, porque hay gente que utiliza la riqueza para crear industria, comercio puestos de trabajo..., pero hay otra gente que la utiliza solamente para conseguir que su caja fuerte esté llena con el precio de que las despensas de los demás esté vacía.

–¿Y esos son capaces de hacer cualquier cosa por consolidarla?

–Cualquier cosa. Si te fijas leemos en los medios de comunicación casos y casos de corrupción y, ¿quiénes son los que evaden, los que roban, los que blanquean...? Los que ya lo tenían todo, no roban gallinas.

–Lleva razón y, sin embargo, el discurso imperante sigue siendo que quien viene a robar es aquel del que hablábamos, que viene sorteando una valla o jugándose la vida en una patera...

–Hasta que no entiendan que el problema de las fronteras consiste en que el problema no llegue a la frontera, no tendrá solución; hasta que no entiendan que hay que invertir en origen y que no se trata de que la gente no venga sino de que no tenga necesidad de venir, hasta que no entiendan eso, seguiremos viviendo en este mundo donde amanece uno con la foto del niño Aylan, que es uno entre miles, en la portada de todos los periódicos, y en que la solución consiste en subir un metro más las vallas y poner cien guardias más. Y estoy de acuerdo con el presidente Sánchez en las dos cosas que ha hecho, en acoger al Aquarius y en ir a decirle a Europa que esto es un problema de todos, que esta es la puerta pero la casa es de todos, ¿no decíamos que era la casa de todos?

–Me parece que debo volver a la novela, a Juan Urbano cada vez lo vemos más comprometido y menos desafectado.

–Bueno, ¡hasta se nos ha enamorado en ésta el muy idiota! (ríe) Yo avisé, ¿eh? Avisé al principio que este personaje iba a hacer un gran camino cambiando una sola letra, un camino del cinismo al civismo.

–¿Y qué es lo mejor que le ha dado?

–Lectores. Los lectores son mis jefes, son los que me dan de comer y me dan libertad absoluta, acertando o no, para hacer lo que creo que tengo que hacer en cada momento.

–¿Y ya está escribiendo la próxima de la serie?

–Pues por primera vez en mi vida he acabado esta novela y me he puesto a escribir otra. Yo eso no lo había hecho nunca.

–¿Le ha llegado algún comentario sobre de alguno de los portadores de estos treinta apellidos?

–Sí, sí, “¿y de comunistas millonarios no vas a hablar?”, eso dice alguno... Pero mira, yo para eso creo mucho en la libertad de la gente para pensar lo que quiera del libro. Nunca sabes además... Fíjate, en la última Feria del Libro, ¿sabes quién vino a que le firmara una novela?, el portavoz del PP, Rafael Hernando, y a mí me pareció estupendo. Yo creo que Rafael Hernando sabe lo que yo pienso de algunas de las cosas que ha dicho pero me pareció un acto de salud democrática que él fuera a que yo le firmara un libro a la feria. Mira, una cosa a la que yo intento contribuir es a aplicar una de las cosas que me dijo mi maestro, Rafael Alberti, “niño, tú no seas sectario, que si eres sectario te perderás la mitad de cada cosa”. Así que intento distinguir entre lo que es tener opiniones distintas y en convertir a quien las tiene en tu enemigo. Mi mayor anhelo en esta vida es morirme con mi lista negra en blanco.

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