Crítica de Cine cine

La orfandad imaginaria

El recuerdo de Marnie

Animación, Japón, 2014, 103 min. Dirección: Hiromasa Yonebayashi. Guion: Niwa Keiko, Ando Masahi. Música: Takatsugu Muramatsu. Cines: Avenida, Cinesur Nervión Plaza.

Fruto de la vertiente más ortodoxa y clásica de la factoría de animación japonesa Ghibli, una animación de trazo limpio, rica paleta de colores pastel, deliciosos efectos atmosféricos y figuras de ojos grandes, El recuerdo de Marnie adapta el libro infantil de la escritora e ilustradora británica Joan G. Robinson para agitar los modos del relato gótico-romántico de la mano de una de esas historias que tanto gustan al maestro Miyazaki sobre personajes femeninos adolescentes en la encrucijada del tránsito de iniciación, la superación del duelo o la búsqueda de identidad.

Anna, una joven adoptada, inadaptada y con problemas de salud, parte hacia el campo a pasar una temporada con unos familiares a fin de recuperarse. Allí descubrirá una vieja mansión junto al lago donde habita una joven de larga melena rubia, la Marnie del título, con la que entabla amistad y con la que compartirá juegos y confidencias.

El filme de Hiromasa Yonebayashi, también responsable de la estupenda Arriety y el mundo de los diminutos, se adentra en un territorio desdoblado y poroso en el que la realidad y la fantasía se entrecruzan de manera natural, fértil y sugerente a través de soluciones plásticas que, sin apartarse de cierta ortodoxia, ponen de manifiesto el poder de la animación para la disolución de fronteras narrativas que enriquecen los distintos niveles y subtextos de un relato que si bien en ocasiones pueden pecar de cursilería, está preñado de una extraña melancolía y destila aromas de melodrama femenino intemporal.

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