Philippa y el rey: la realidad hecha fábula al estilo Ealing
The Lost King | Crítica
La ficha
**** 'The Lost King'. Drama, Reino Unido, 2023, 108 min. Dirección: Stephen Frears.
Guion: Steve Coogan, Jeff Pope. Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Zac Nicholson. Intérpretes: Sally Hawkins, Steve Coogan, James Fleet, Sinead MacInnes, John-Paul Hurley, Jessica Hardwick.
Para poner el encanto de esta película en suerte es necesario conocer la inclasificable personalidad de Stephen Frears, menos que un autor y más que un artesano. Debutó en cine allá por 1971 con Detective sin licencia, una película en la línea de la recuperación modernizada del cine clásico propia de los 70, convirtiendo a Albert Finney en un aspirante a detective obsesionado con Dashiel Hammet. Tras ella se dedicó a la televisión para regresar quince años después al cine con la trilogía de costumbrismo realista suburbano Mi hermosa lavandería (1985), Ábrete de orejas (1986) y Samy y Rose se lo montan (1987) que lo lanzaron internacionalmente. Cambió totalmente de registro con su excelente adaptación de Las relaciones peligrosas a la que siguió, en otro quiebro, el buen thriller Los timadores. Quedó así marcado su inclasificable y zigzagueante talento, unas veces gran director, otras excelente artesano y algunas -afortunadamente pocas- oficio sin inspiración. Entre lo mejor que nos ha dado, además de las ya citadas, figuran el retorno a la comedia suburbial con Café irlandés, la personal relectura del Jeckyll y Hyde de Stevenson en Mary Relly, la desgarradora Liam sobre la crisis de los años 30 en Liverpool, el encantador homenaje al mundo de las variedades Mrs. Henderson presenta, la excepcional The Queen y la conmovedora Philomena, las tres últimas marcadas por las excepcionales interpretaciones de Helen Mirren y Judy Dench.
Tras cinco años de dedicación a la televisión regresa con esta comedia de atmósfera Ealing, el estudio que definió el humor cinematográfico inglés, que recuerda especialmente la deliciosa Pasaporte a Pimlico de Henry Cornelius (1949). En aquella el descubrimiento de un tesoro y un antiguo documento autenticado por la extravagante profesora Hatton-Jones (maravillosa, como siempre, Margaret Rutherford) en el subsuelo de Pimlico convierte el barrio londinense en un país independiente. En The Lost King -basada en una historia real sucedida en 2012- lo que se descubre son los restos de Ricardo III bajo un aparcamiento de Leicester gracias, contra viento universitario y marea académica, a la intuición y perseverancia de la historiadora aficionada Philippa Langley, reivindicadora junto a otros entusiastas (los Ricardians) de la memoria, tan dañada por Shakespeare, del rey.
Toda la película descansa sobre la inteligente, tierna y divertida interpretación que Sally Hawkins (eterna secundaria de lujo que logró la fama interpretando a la hermana de Cate Blanchett en Blue Jasmine, la señora Brown en las dos entregas de Paddington y la Elisa Sposito de La forma del agua- hace de la voluntariosa investigadora, mujer no muy feliz y menospreciada que se apiada de un rey igualmente infeliz y menospreciado. Frears convierte un hecho real casi en una fábula -atreviéndose a convocar al fantasma del rey- rebosante de ingenio no hiriente, amabilidad no dulzona, optimismo no imbécil y ternura no pegajosa. No son tareas fáciles, pero Fears lo logra descansando siempre en la interpretación de Sally Hawkins, a la que da una excelente réplica, interpretando a su marido, Steve Coogan, guionista también de la película junto a Jeff Pope con quien también escribió Philomena para Frears.
Estupenda la música del camaleónico y siempre eficaz Alexandre Desplat, colaborador habituar de Frears, que rompe su habitual y discreta invisibilidad homenajeando al Bernard Herrmann de Con la muerte en los talones.
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