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La ciudad y los días

carlos / colón

No pasa nada

TODO el mundo, parece que menos el juez Pedraz, sabe de qué va la concentración etarra de hoy que, con la coherencia que preside todos sus actos, se celebra en un antiguo matadero. Olor a sangre, eco del dolor, rastro de muerte. El jueves el juez consideró suficiente pedir un informe a la Ertzaintza sobre la naturaleza de la concentración. Ayer rectificó y pidió también informes a la Policía Nacional y la Guardia Civil. Parece que el hombre necesita muchísima información para saber lo que todos -demócratas, pro etarras y etarras- sabemos: que el acto es una celebración de las excarcelaciones de etarras (y de otros asesinos cuya salida de la cárcel no celebran aunque compartan el mismo desprecio hacia la vida humana) que ha hecho posible la sorprendentemente veloz aplicación de la resolución de Estrasburgo sobre la doctrina Parrot.

La asociación Dignidad y Justicia ha pedido a la Audiencia Nacional que suspenda la convocatoria porque sospecha con fundamento -mejor: sabe con certeza- que los 63 etarras quieren reunirse para celebrar su salida de la cárcel y "enaltecer el terrorismo de ETA". El ministro del Interior ha llamado "aquelarre deleznable y repugnante" a esta reunión de etarras excarcelados. Pero como si tal cosa. Dicen que lo hacen para homenajear a sus camaradas encarcelados y para valorar su (asqueroso) comunicado en el que se igualaba a las víctimas con sus verdugos bajo la fórmula de "sufrimiento y daño multilateral"; se llamaba a sus asesinatos "actividad política"; y hasta, no contentos con igualarse con sus víctimas, se proponían como las únicas víctimas: "rehenes" de los estados español y francés sometidos a "la práctica de la tortura y la política carcelaria" propia de un sistema "construido para aniquilarnos a nosotros y a nuestros familiares". Pero no pasa nada

Nunca pasa nada. Se legaliza a sus compinches y no pasa nada. Se convoca un acto de homenaje a asesinos encarcelados y no pasa nada. Porque aquí todo se hace con la ley por delante. Faltaría más. Que se levante una esquinita del paño que le venda los ojos o que incline un poco más un platillo de la balanza que otro -siempre para humillar a las víctimas y favorecer a sus verdugos- es una minucia que no debe entorpecer ese apaño que se llamó proceso de paz. Cuando termino este artículo no se sabe si el acto de hoy se prohibirá o no. Deseo que sí. Temo que no.

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