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Los pastores y el lobo teñido

08 de marzo 2026 - 03:10

Se me puso el cuerpo contrarreformista cuando vi a los pastores evangélicos apelotonados en torno a un Trump sentado con gesto orante, tocándolo para que la gracia divina fuera del cielo a ellos y de ellos al amigo de Epstein como si fueran cables conductores de las energías y bendiciones celestiales. No me pongo en plan de “aplastar las cabezas de la hidra protestante”, por supuesto. Ni ignoro la grandeza de las aportaciones protestantes, desde la música del Cielo de Bach o los españoles Casiodoro de Reina y Juan de Valdés a la teología de Barth, Rahner, Bonhoeffer o Bultman. Pero hay que reconocer que la centralidad romana católica evitó la dispersión en distintas iglesias, grupos o confesiones que dio lugar a las más extravagantes manifestaciones. No se libró, por supuesto, la Iglesia de apoyar absolutismos y dictaduras. Pero eso acabó. Mientras que en 2026 un pelotón de pastores rodea a Trump pidiendo que el cielo bendiga, no a una pacífica oveja, sino a un calentón lobo teñido.

Lo que aquí llamamos nacionalcatolicismo podría llamarse allí nacional-evangelismo, oído que en una de las peticiones se decía: “Padre, te rogamos que sigas dándole a nuestro presidente la fuerza que necesita para liderar nuestra nación mientras regresamos a una sola nación bajo Dios”. Lo de Trump no tiene precedentes en la Casa Blanca. Ha creado algo que podría llamarse democracia dictatorial o dictadura democrática. Fue elegido democráticamente y rompe las costuras del ordenamiento constitucional estadounidense, pero no lo ha destruido. Estados Unidos sigue siendo la primera y más antigua democracia del mundo. Pero persigue a los inmigrantes latinos con la brutalidad con la que en las dictaduras se actúa contra los disidentes, declara guerras unilateralmente o ignora el poder judicial federal y el Congreso.

Lo que va de las fotografías de Kennedy hechas por Jacques Lowe y Mark Shaw a la imagen de Trump rodeado por los pastores y líderes sobones, o a su mundo brilli brilli de dorados lujos horteras, podría ser uno de los muchos indicadores de la caída del imperio americano. Según los historiadores Iwan Morgan y David C. Eisenbach los peores presidentes han sido los esclavistas y racistas Franklin Pierce, James Buchanam y Andrew Johnson. Trump sería el cuarto.

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