Conflicto en Oriente Medio
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¡Votad al Príncipe de la Paz!

08 de marzo 2026 - 03:10

No es lo mejor para convencer a los españoles de la gravedad de la crisis internacional desde la llegada de Trump al poder y la gravedad extrema de la guerra contra Irán que resumir la posición de España en un eslogan de hace un cuarto de siglo. Lo adecuado sería trabajar por unir al país a base de argumentos –que los hay, y muy sólidos– y no de consignas. Llamar al principal partido de la oposición para atraerle a una postura de rechazo a la aborrecible actuación de Trump y Netanyahu (y si Feijóo insiste en no dejar pasar casi ninguna oportunidad para equivocarse en las cosas importantes, peor para él).

¿Por qué no lo hace Sánchez? Porque donde todo el mundo ve una gran tragedia a combatir él ve también una oportunidad de renacimiento político y personal. No hay por qué dudar de la sinceridad de su pacifismo. Las dudas las siembra él mismo cuando lo transforma en un instrumento más para permanecer en el poder, apropiándose del ansia de paz y reeditando la formidable rebelión popular que estalló en España contra la guerra de Iraq, una de las principales causas de que Zapatero le ganara a Aznar las siguientes elecciones. ¡Qué más da que aquella guerra se construyera sobre una gran mentira de Bush y en ésta nadie puede dudar de la monstruosidad del régimen de Teherán; que España participará de hecho, y ya lo hizo, cuando protege militarmente a cualquier socio europeo agredido por Irán, y que las bases conjuntas estén siendo utilizadas de alguna manera por el belicista Trump!

Lo que importa es revestirse con los ropajes del Príncipe de la Paz, el único gobernante valiente capaz de enfrentarse al payaso canalla que ahora lidera la primera potencia mundial y frenar la oleada reaccionaria que se extiende por el mundo. Lo paradójico es que, en esta estrategia más bien a la desesperada ante los reveses electorales que se suceden sin tregua, el mayor y más estridente agente electoral de Pedro Sánchez se llama Donald Trump. No sólo le ha proporcionado con su agresión ilegal la inmejorable ocasión de rescatar las nobles banderas de 2003, sino que a diario alimenta su heroísmo impostado cubriéndole de insultos, desprecios y ataques que le hacen aún más odioso para los españoles.

Sánchez persigue un victimismo que cree rentable en las urnas. Es probable que tenga un éxito relativo. Sospecho que crecerán sus votos... a costa de sus ya escuálidos amigos de la izquierda radical. Poco.

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