Ante los incendios de nueva generación

Editorial

Hay que atajar el calentamiento global y actuar en el monte para limpiar todo lo que se convierte en combustible e impide extinguir estos nuevos superincendios

13 de septiembre 2021 - 01:47

Queman el monte sin que haya capacidad real de extinción con medios humanos y materiales, al menos hasta que las condiciones climáticas se vuelven más favorables para estabilizar, controlar y apagar las llamas. Son los incendios de nueva generación. Fuegos que arrasan con una voracidad inusitada, capaces de crear convección -propagación del calor por diferencias de densidad- y hacer inabordable la lucha contra ellos. Andalucía, por desgracia, vive un ejemplo de estos superincendios desde la noche del pasado miércoles. El de Sierra Bermeja es un incendio pavoroso, por sus consecuencias para la vida -desgraciadamente, ya ha costado la muerte de un bombero forestal de 44 años- y la riqueza natural de este paraje malagueño, un vergel de biodiversidad. Tras cuatro días activo, este incendio de nueva generación está fuera de las capacidades de extinción. No es cuestión de poner más medios materiales o humanos, es que ni con todos los posibles hay garantías de lograr que sea sofocado. Actualmente más de 700 personas aún componen el dispositivo para luchar contra una quema que ha abrasado más de 6.000 hectáreas de monte de gran valor ecológico y que ha obligado a desalojar hasta seis municipios. Estos superincendios no aparecen porque sí, sino que son un efecto del calentamiento global -que se sufre en otras latitudes como EEUU o Australia- y que se ven favorecidos por la disminución del cuidado del monte por el éxodo rural de los últimos decenios. Para tratar de evitar este tipo de incendios de nueva generación hay que atajar el cambio climático para detener el calentamiento y limpiar los montes para que no sean un combustible abundante que impide extinguirlos. Andalucía, que tiene en la desertización una amenaza que el gran reto climático acelera, debe poner más recursos para tener los montes en la mejor situación posible en caso de que ardan, de forma fortuita o no. Porque también hay que señalar, que éste, como la mitad de los incendios en España, fue intencionado, con focos creados ex profeso para provocar la catástrofe que vivimos: un acto criminal. Los incendios de nueva generación son una amenaza real contra la que lo único que no cabe es la inacción de los poderes públicos.

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