Historia sobre ruedas
El 'jeep' ha sido siempre un vehículo sugestivo, por su funcionalidad y por la gran historia que acarrea tras de sí. Ahora los aficionados a este coloso de la automoción pueden contemplarlo en la Sierra Norte.
Los amantes del vehículo clásico están de enhorabuena. Pocas veces puede verse in situ una colección de jeeps tan nutrida y cargada de historia como la reunida por el Club Jeep Willys Clásico de Valladolid, que en esta ocasión se da cita en la Sierra Norte de Sevilla para disfrute de todos aquellos que siempre mantuvieron que cualquier cosa pasada, y más en lo referente al mundo del motor, fue mejor.
Una concetración de auténticos "abuelos" de las cuatro ruedas que si hablaran nos dejarían boquiabiertos con sus experiencias y anécdotas en distintos parajes y, sobre todo, con distinto cometido. Así lo refiere su presidente, Francisco Román, cuando apunta que "desarrollado a toda velocidad, en apenas tres meses, y con la Guerra Mundial ya iniciada, el jeep es la demsotración de que puede existir un vehículo capaz de emplearse para todo lo imaginable, llegándose incluso a utilizar en la guerra civil como ambulancia, grúa, tractor agrícola o coche de bomberos, entre otros muchos usos".
Para goce de los andaluces, y de todos los demás, el club que preside Román ha tenido la gentileza de celebrar la primera reunión anual oficial, de carácter turístico en nuestra Comunidad y, más concretamente, a unos 20 kilómetros de Cazalla de la Sierra, a orillas del Pantano del Pintao.
Como afirma Francisco, "nuestro club es una asociación sin ánimo de lucro constituida en abril de 2005 por un grupo de apasionados de este tipo de vehículos, y en la actualidad contamos con unos doscientos socios aproximadamente residentes en distintas comunidades del territorio nacional, desde Galicia hasta Málaga, pasando por Cádiz, Barcelona, el País Vasco o Mallorca". Una agrupación -continúa Román- "en que no importan ni la ideología ni la cultura de nuestros socios, porque todos nos movilizamos en torno a una misma causa, y, por ello, en una misma dirección: nuestra predilección por el jeep".
Pero el Club Jeeps Willys Clásico no solo es una plataforma para el encuentro entre aficionados a este tipo de vehículos todoterreno, sino que además se pone metas como pueden ser, según afirma su presidente, "la defensa, recuperación, protección, promoción, cuidado, uso y disfrute del jeep con el fin de preservar, compartir y gozar un valiosísimo patrimonio que, afortunadamente, cobra cada vez más valor y reconocimiento entre todos los que aman el automóvil clásico".
Entre las joyas que exhibe esta concentración está la estrella de la corona de los jeeps que no es otra que el Willys M 38, un anfibio de la guerra de Corea restaurado hasta en el más mínimo detalle y llegado de tierras santaderinas para deleite de todos aquellos, andaluces o no, que quieran contemplar con sus propios ojos una fracción de la historia de la automoción más singular. Ejemplos vivos -todos estos tesoros del motor venidos no solo de Santander, sino también de Mallorca, Madrid, Valencia, Teruel, Pamplona, Valladolid, etc.- de lo que en el pasado fue una realidad manifiesta: la necesidad de hallar un vehículo funcional que prestase servicios de diversa índole en las contiendas y que, a la vez, sirviese para lo que, más adelante, sería el archiconocido 4x4, cuyo perfil de fabricación nace del jeep, ese juguete con que tantos adultos han soñado alguna vez.
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