Miguel Ángel Moreno Mateos | Investigador del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (UPO) “No conozco a ningún científico brillante que sea un flojo”

  • Pertenece al grupo de jóvenes investigadores altamente competitivos y con experiencia en las mejores universidades que ha conseguido retornar a España gracias al programa Ramón y Cajal

Moreno Mateos, en su laboratorio del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo Moreno Mateos, en su laboratorio del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo

Moreno Mateos, en su laboratorio del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo / José Ángel García

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Aunque su primera vocación fue la de profesor de Instituto, Miguel Ángel Moreno Mateos (Utrera, 1977) pronto se enganchó a la investigación científica. Sus primeros pasos fueron en la Universidad de Sevilla, donde se doctoró con una tesis dirigida por Tahía Benítez sobre un hongo ‘caníbal’ con aplicaciones en el campo de la agroalimentación. Posteriormente pasaría por el puntero Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (Cabimer) para trabajar, en biología molecular del cáncer y regulación génica, con el científico José Antonio Pintor. Pero quizás su gran momento fue cuando se fue a trabajar con un contrato postdoctoral a EEUU, en la prestigiosa universidad de Yale. Allí empezó a experimentar con una tecnología que es una auténtica revolución en el campo de la biología y la biomedicina llamada CRISPR. Ahora, ha decidido volver a España para trabajar en el Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (en la Universidad Pablo de Olavide), gracias al programa Ramón y Cajal del Gobierno central para el retorno de talento joven que estaba en el extranjero.

–¿Por qué la Biología?

–Porque tuve grandes profesores de Biología, tanto en el Colegio Álvarez Quintero como en el Instituto Ruiz Gijón, ambos de Utrera... De hecho, mi primera idea cuando me matriculé en la facultad era ser profesor de Enseñanza Media, pero entré en el departamento de Microbiología de la Universidad de Sevilla y ahí me empecé a picar con la biología molecular, la ciencia experimental... Hasta llegar al departamento de Genética y hacer mi tesis doctoral.

–La genética está de moda, como la física nuclear lo estaba hace unas décadas... ¿le estamos pidiendo demasiado a esta ciencia?

–La genética y sus aplicaciones en medicina, agricultura, etcétera, tiene ya un impacto evidente en nuestras vidas y lo tendrá más en el futuro. Son demasiados los beneficios: hacer cultivos resistentes a la salinidad, diagnósticos muy personalizados del cáncer... Ahora estamos viviendo un nuevo gran salto en biología molecular y genética.

–¿Cuál es?

–Todo lo que tiene que ver con la tecnología CRISPR que se une a avances muy potentes en microscopía, secuenciacion masiva...?

–¿Y en qué consiste la tecnología CRISPR?

–Partió del estudio de la inmunidad de una bacteria, de cómo se defiende de sus patógenos, de sus enemigos. Uno de sus descubridores fue un español, Francis Mojica. Gracias a esta técnica se puede modificar el genoma de cualquier especie que haya en la naturaleza de una manera relativamente fácil, rápida y barata. Es una auténtica revolución.

Ahora, con la tecnología CRISPR, estamos viviendo una revolución en biología molecular y genética

–Recordemos que el genoma es el conjunto de genes de una persona.

–De un ser humano o de un tomate... Por ejemplo, es lo que determina que alguien tenga los ojos marrones o azules.

–Entonces, con esta técnica CRISPR se podría crear una nueva estirpe humana de una manera relativamente fácil.

–Se podría hacer, pero eso significaría modificar embriones humanos, algo que está totalmente prohibido. Ahora se están haciendo algunos ensayos clínicos con esta tecnología CRISPR, pero con fines terapeúticos. Es decir se trata de usar la tecnologia para reducir un tumor, pero eso no significa editar embriones humanos, que serían los que crearían esa nueva estirpe a la que usted se refiere...

–... Bueno, ya se ha hecho...

–Sí, un científico chino, He Jiankui, pero está en arresto domiciliario. Este investigador de la SUSTech introdujo mutaciones en unas niñas para hacerlas resistentes a la infección por Sida.

–¿De verdad cree que podremos parar la modificación genética de los embriones?

–De hecho, no lo hemos parado. Lo positivo es que el rechazo ha sido unánime y a nivel mundial, empezando por el gobierno de China. La tecnología no está tan desarrollada como para andar haciendo experimentos de este calado. Además, implica un debate ético que no está ni mucho menos cerrado... Por ejemplo, con la tecnología CRISPR se puede aniquilar especies, como las cucarachas o los mosquitos.

Todavía no tenemos ni idea de para qué sirve la mayor parte del genoma humano

–O la especie humana...

–Hay que ser muy cautos. Me da miedo pensar en un mal uso de estas cosas. Hay que legislar con cabeza. También hay que tener en cuenta cuestiones como la biodiversidad, las patentes...

–Me imagino que CRISPR se está usando mucho en cultivos transgénicos.

–No exactamente, me explico: un transgénico es algo a lo que se le ha introducido un gen que no es suyo. Para que se entienda: consigo trigo rojo introduciéndole el gen del color del tomate. Con los CRISPR, sin embargo, se modifican los genes que ya existen de forma natural en un individuo, provocando mutaciones que podrían haber sido producidas por la naturaleza, sin introducir elementos extraños. Esto es muy importante tenerlo en cuenta, sobre todo por sus implicaciones legales. No hay que confundir transgénico con modificación genética.

–Es decir, es una tecnología sin ningún peligro.

–Ninguno. Pero los transgénicos tampoco lo tienen. Por lo menos no hay ningún estudio científico que así lo indique.

–¿La genética lo condiciona todo? ¿Somos esclavos de nuestros genes?

–La genética condiciona mucho. Por ejemplo, te puede hacer más propenso a una enfermedad, pero también influirá mucho el tipo de vida que lleves, la alimentación que tengas... un montón de variables que van más allá de la genética. Ahora bien, si tu abuelo y tu padre tuvieron cáncer de próstata, probablemente tengas un condicionamiento genético que te haga más propenso a esa enfermedad.

–Hizo su tesis doctoral sobre los hongos.

–Sí, trabajé con uno que lo que hacía era comerse a otros hongos. Se llama Trichoderma

Es una especie de experimento de selección natural que ocurre en nuestro organismo

–¿Una especie de caníbal?

–Sí, tenía una utilidad muy clara en agrobiología, porque lo podíamos usar de fungicida ecológico. Es decir, en vez de usar productos químicos para eliminar una plaga echábamos este hongo...

–¿Conseguiremos hacer una agricultura ecológica competitiva económicamente?

–Creo que sí, pero tomará tiempo. Ya se están dando pasos. Por ejemplo, funciona bien usar Trichoderma combinado con productos químicos, lo que consigue reducir el chute de fitosanitarios que le metemos a la tierra. Pero la ciencia tiene que avanzar de forma lenta y segura.

–También ha trabajado en la biología molecular del cáncer.

–He trabajado en el entendimiento general de la biología del cáncer, pero en el nivel clínico. Uno de los grandes objetivos es ser capaces de personalizar los tratamientos, que cada paciente tenga un tratamiento pensado exclusivamente para él. Con ello conseguiríamos una mayor eficiencia y unos menores efectos secundarios. Para ello hay que conocer la genética de una persona perfectamente.

–Bueno, ya estamos en eso, ¿no?

–El genoma humano se secuenció en el año 2000, pero todavía no tenemos ni idea de qué sirve la mayor parte del mismo.

–A veces me da la sensación de que un tumor es un ser vivo... Ese empeño en ser y en perpetuarse...

–Es una especie de experimento de selección natural que ocurre en nuestro organismo. Al final, el tumor que tira adelante es el que consigue alimentarse de nutrientes que yo ingiero y de colonizar otros espacios... Hasta la muerte del individuo.

–¿El ser humano está mal hecho?

–No, está muy bien hecho. Somos producto de millones de años de evolución. Somos productos de un larguísimo proceso de ensayo y error. Lo que sí pienso a veces es que el hombre es una anomalía de la naturaleza... ¿Quién no lo ha pensado alguna vez?

A veces pienso que el hombre es una anomalía de la naturaleza.

–Sigamos con sus aventuras científicas. También ha trabajado con el pez cebra. ¿Qué tiene este animal?

–Como no podemos trabajar con embriones humanos, usamos los de otras especies, como el pez cebra, que es un animal que tiene un 70% de similitud con el ser humano y da muchas facilidades para la investigación. Sus huevos son transparentes y se fertilizan externamente, así que los puedo recolectar y manipularlos genéticamente, echarle drogas, observarlos, usar los CRISPR, es muy barato... En mi antiguo laboratorio se habían creado peces cebra con comportamientos autistas, lo que nos permitía coger sus huevos y aplicarles drogas para ver si se podía revertir este trastorno... Servía como un primer escrutinio para estudiar tratamientos futuros en el ser humano.

–¿Y usted para qué los usaba?

–Una de mis líneas de trabajo es estudiar cómo se inicia la vida de un individuo, cómo se activa su genoma una vez que el óvulo ha sido fecundado. Lo curioso es que, al principio, en las primeras horas de un animal, ese genoma está completamente silenciado, no se expresa, todo lo aporta la madre. Posteriormente, el genoma se activa para que empecemos a diferenciarnos y tengamos boca, nariz. Nuestros primeros instantes son como una metáfora de lo que ocurrirá después, cuando, ya nacidos, acabemos emancipándonos del control materno.

–¿Existe la fuga de cerebros en España?

–Es una realidad. Pero hay que diferenciar lo que es fuga de cerebros de lo que es trabajar en el extranjero una época para desarrollarse como científico. El drama es cuando alguien quiere volver a España y, pese a tener un currículum puntero valorado en Alemania o EEUU, no puede por falta de medios. Es una auténtica pérdida de talento, conocimiento, productividad y dinero. Formamos buenos científicos y otros países son los que se aprovechan. En ciencia hay que tener buenas ideas, pero también de dinero para desarrollarlas.

–Ahora está la cosa un poco mejor.

–Hay un cierto optimismo, pero hay que ser cautos... Vamos a esperar un poco. Dentro de cuatro años volvemos a hablar.

–Ha estado de 2013 a 2018 trabajando en EEUU, ¿qué tal la experiencia?

–Allí no se para de trabajar y te cambias mails con tu jefe a cualquier hora. Se fomenta mucho la competitividad y hay muchos recursos para investigar. Hay algo que me gusta mucho: se reconoce el trabajo duro, pero al vago y al que se escaquea se le señala. No como aquí, que algunas veces parece que goza incluso de cierto prestigio: “No sabe nada este”, se suele decir. Hay que saber combinar trabajo y entretenimiento. Como dicen allí work hard & play hard (trabaja duro y diviértete duro).

–¿Qué es más importante el trabajo duro o el talento?

–Sin trabajo duro no se puede desarrollar el talento. No conozco a ningún científico brillante que sea un flojo. Claro, algo de talento sí hay que tener.

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