Manuel Jesús Roldán | Historiador del Arte “Lo de la Sevilla dual es una grandísima mentira, la ciudad siempre fue diversa”

  • Profesor, investigador, especialista en Martínez Montañés y divulgador del pasado de la ciudad y el arte, acaba de publicar un libro sobre las grandes artistas que fueron condenadas al ostracismo

Manuel Jesús Roldán, en su domicilio.

Manuel Jesús Roldán, en su domicilio. / José Ángel García

Su cabeza perfectamente afeitada le da aspecto de escriba egipcio, quizás una influencia tardía de ese orientalismo que entró en Sevilla con los fenicios. Manuel Jesús Roldán (Sevilla, 1970) es un historiador del arte que combina investigación, enseñanza y divulgación para el gran público. Chico de barrio que hizo el BUP en el decano de los institutos sevillanos, el San Isidoro, es autor de un buen número de libros sobre el pasado de la ciudad o cuestiones generales y curiosas de su disciplina, como ‘Esto no estaba en mi libro de Historia del Arte’, ‘La historia de Sevilla contada en 80 objetos’ o ‘La Semana Santa de la Transición’. Especialista en Martínez Montañés, sin embargo su último trabajo aborda un tema de estricta actualidad, ‘Historia del Arte con nombre de mujer’ (El Paseo), donde recupera a muchas de las artistas de gran calidad y éxito que el puritanismo victoriano del siglo XIX condenó al ostracismo. Al igual que el entrevistador, es proclive a las meditaciones y peroratas sobre la urbe que pisa. Hombre jovial y educado, nos agasaja con cerveza alemana y papas fritas, quizás un homenaje secreto al alma germánica de Sevilla, una de las muchas que tiene esta ciudad (que no todo son romanos y moros).

–Sevillano, como tantos, de la periferia.

–Me crié en el sector de Pio XII, al final de la Cruz Roja, en el entorno del colegio nacional que se conocía como Los Moros, que hoy se llama Arias Montano, nombre que sustituyó al de Queipo de Llano. El sobrenombre le viene de que, durante la Guerra Civil, el edificio fue el hospital de las tropas de Regulares.

–¿Hay alguna diferencia entre el sevillano de intramuros y el de extramuros?

–Desde hace ya tiempo la Sevilla de la periferia es mucho más real y auténtica que la del centro. El centro se ha llenado de apartamentos turísticos y de franquicias que hay en cualquier parte del mundo. Sin embargo, en los barrios de la periferia se mantienen más las esencias y costumbres de Sevilla.

–El mejor ensanche de Sevilla se hizo con arquitectura regionalista. Hoy es un estilo que nos suele gustar, pero en su día tuvo muchas críticas de las almas más exigentes. Hablaban de “estilo cortijero”.

–Las cosas hay que observarlas con perspectiva. En el siglo XVI probablemente hubo gente que se llevó las manos a la cabeza viendo que la Giralda se pintaba de color… La arquitectura regionalista y ecléctica conectó bien con una ciudad que se cree neobarroca y neorrenacentista. Lo importante de estos arquitectos es la calidad de sus trabajos.

Desde hace tiempo la Sevilla de la periferia es mucho más real y auténtica que la del centro

–Y sobre todo que hicieron una arquitectura agradable para el ciudadano.

–Agradable, pero tras la que se observa detrás un esfuerzo intelectual. Se rescataron muchas artesanías: la madera, la cerámica, la orfebrería... Tenían un concepto casi musulmán: a partir de materiales muy pobres conseguir efectos muy ricos. Esto es también muy barroco. Lograron hacer una ciudad más amable. En la actualidad, los urbanistas y los arquitectos, debido a su distanciamiento de la realidad, no están diseñando una ciudad habitable.

–Tenemos un ejemplo muy reciente con la Plaza de la Magdalena.

–Es de catálogo de Ikea… Esa falta de vegetación… Hay que hacer plazas absolutamente frondosas que nos acojan. Es fundamental. La sombra no es sólo necesaria por una cuestión de supervivencia, sino también porque embellece la ciudad. Por ejemplo, la calle Imagen y su arquitectura fallida mejoraría muchísimo con árboles de gran tamaño.

–¿Y las Setas? ¿Alguna vez serán plenamente aceptadas por la ciudad?

–Sí por la gente joven y los turistas, porque buscan el fogonazo de lo instantáneo: Instagram, Twitter… Aquello que nos pretende sorprender pero está vacío. Las Setas es una arquitectura demagógica, nos impactan al principio, pero detrás no hay nada, no tienen funcionalidad. Es una plaza desaprovechada, tuitera…

–Uno de sus muchos libros es ‘La historia de Sevilla en 80 objetos’. Muchas veces el alma de las ciudades se encuentra en los pequeños detalles, no en sus grandes monumentos.

–Sevilla es riquísima en objetos que permiten explicarla, desde la Astarté fenicia, que nos cuenta todo un mundo en una figura muy pequeña, hasta una camiseta de Silvio el rockero. Estuvimos a punto de sacar un libro sobre 80 objetos rancios que no se deberían perder.

–Su último libro, ‘Historia del Arte con nombre de mujer’, es una reivindicación de las artistas injustamente ocultadas. ¿Oportunismo #metoo?

–Para nada. El volumen surgió de otro anterior, Eso no estaba en mi libro de Historia del Arte, donde había un capítulo dedicado a grandes creadoras que estaban ausentes de los manuales de la disciplina. Para nada es una obra victimista, pretendo mostrar cómo la mujer fue importante en todos los periodos de la Historia del Arte y que el silencio en torno a ella se forjó muy recientemente. Hubo artistas femeninas que triunfaron en su momento. En el Renacimiento Sofonisba Anguissola retrató a Felipe II, lo que significa que estaba muy cotizada; en el Barroco, Artemisia Gentileschi pintó para la gran nobleza; Luisa Roldán fue escultora de cámara tanto con los Austrias como con los Borbones; Élisabeth Vigée pintó a María Antonieta y a toda la nobleza Europea… Fueron auténticas triunfadoras, reconocidas y ricas…

–¿Y cuándo se produjo su ocultamiento?

-El siglo XIX, que fue un siglo especialmente machista y masculino, debido al ideal victoriano que imperaba en el mundo, que relegaba a la mujer al ámbito doméstico, mucho más que en siglos pasados. Tenga en cuenta que en esa centuria se hacen dos cosas muy importantes: las grandes historias del arte y los museos. En ambas las mujeres son ocultadas. Después no hemos hecho más que repetir el mismo guión, los mismos clichés… Incluso hay muchas autoras cuyas obras son atribuidas a hombres. Lo que pretende el libro es hacer un acto de justicia. Hablo de mujeres no porque toque, sino porque tenían calidad artística.

Las Setas es una arquitectura demagógica y tuitera, nos impacta al principio, pero detrás no hay nada

–Cuando hablamos de mujeres artistas de siglos pasados, en Sevilla siempre pensamos en La Roldana… ¿A quién más tenemos?

–Poco. Recientemente ha salido el libro de Magdalena Illán Pintoras en Sevilla en el siglo XIX, en el que se nos da una idea de que son mujeres discretas, copistas, que pintan en sus casas... Uno de los problemas que tuvieron tradicionalmente es que no podían acudir a las academias, donde había desnudos masculinos, por eso Luisa Roldán fue una auténtica radical. Y eso que la mayoría de sus obras las firmó su marido, Luis Antonio de los Arcos. Su hermana, María, también se dedicó al arte y es autora de la Virgen de las Nieves de Olivares. También sabemos que una hija de Valdés Leal, que ingresó en el convento de San Clemente, se dedicó a la policromía. Es curioso el caso de las bordadoras. Era gente, como las hermanas Antúnez, de primerísima categoría que no sólo bordaba, sino que también diseñaba. Sin embargo, siempre aparecen tras un nombre masculino. Si estudiamos el Taller de Hijos de Olmo, que fue el que hizo todas las hojillas de plata del palio del Silencio, vemos que detrás hay una gran diseñadora: Herminia Álvarez Udell. Sin embargo, siempre estuvo en segundo plano.

–Hablando de la Roldana, qué maravilla las piezas de su Nacimiento expuesto esta Navidad en el Museo de Bellas Artes.

–Y qué me dice del relieve comprado también por el Museo.

–¿El de la Virgen de la Leche?

–Sí, costó 150.000 euros. ¿Cuánto no valdrá todo el patrimonio que las cofradías tienen de La Roldana? Pensemos en Los Caballos, ¿qué cuestan sus ángeles, los ladrones…? La última vez que se vendió una gran pieza de La Roldana en el mercado exterior fue el Entierro de Cristo. El Metropolitan de Nueva York pagó una cifra desorbitada, aunque se desconoce el importe exacto. Como siempre, tienen que venir de fuera para valorar un patrimonio que nosotros solemos tener arrinconado todo el año.

–La imaginería nunca gustó en el mundo anglosajón, sin embargo esa opinión se revisó a partir de la exposición ‘Lo sagrado hecho real’, comisariada por Xavier Bray, que llevó a Londres y Washington piezas de primerísima calidad.

–El mundo anglosajón no soportaba de la imaginería dos cosas. La primera es la madera, que era un material que despreciaban. Esto fue una suerte para la escultura sevillana pues hizo que las tallas se salvasen del expolio del XIX. La segunda es que los anglosajones no entendían el sentimiento naturalista, lo veían truculento. Todo eso, afortunadamente, se ha revertido y le ha dado un valor enorme a lo que poseemos. Insisto en que es triste que tengan que venir de fuera a valorar un patrimonio que cierta intelectualidad de la ciudad menosprecia.

–Usted escribió un libro sobre uno de los grandes imagineros: Martínez Montañés.

–Cando hablo de él siempre insisto en una cosa: Martínez Montañés es un escultor de ámbito europeo. El problema es que hay una visión centralista del arte y muchos infravaloran a los artistas que no fueron a Madrid. No comprenden que en ese tiempo la capital cultural y económica era Sevilla. ¿Para qué iba a ir Murillo a Madrid, si aquí le pagaban mejor? Justino de Neve le encargaba un azul especial para la Inmaculada y se lo recompensaba.

El siglo XX aportó muchísima mediocridad a la Semana Santa. Primó los encargos rápidos y baratos

–Pero en Madrid estaba la corte.

–Pero la corte no pagaba tan bien. Luisa Roldán se fue a la corte y pasó hambre. Al final de su vida escribía cartas diciendo que no le llegaba la nómina. Aquella corte vivía en la decrepitud, en los bufones y en las camarillas…

–Pero es cierto que en la Semana Santa, junto a esas maravillas, sale también mucha escultura que es casi una ofensa para los sentidos.

–El siglo XX aportó muchísima mediocridad a la Semana Santa. En el Renacimiento y el Barroco se buscaba la excelencia, pero en el XX, por razones históricas, se primó a los autores que trabajasen rápido y barato.

–Otros de sus libros trata de la Semana Santa en la Transición. Fue una época de crisis, ¿no?

–Es una historia muy compleja. El libro comienza en 1973, aún en el tardofranquismo, porque pienso que ahí se empiezan a dar determinados elementos de cambio. Fue un momento de depresión en el mundo de las cofradías, porque no encajaban ni con la oficialidad ni con la propia iglesia, que vivía unos aires del Vaticano II que no eran muy favorables para la religiosidad popular. Hubo unos años de mucha incertidumbre hasta que llegaron los primeros ayuntamientos democráticos que, en contra de lo que muchos pensaban, propiciaron un auténtico renacer de las cofradías (también con intentos de manipulación por el poder político). A partir de 1981 se observa un auténtico vuelco, y lo que era una Semana Santa tristona adquiere un nuevo brillo.

–Ahí está esa famosa frase de Carmen Calvo: “los rojos antes quemábamos los templos, ahora los restauramos”. La Semana Santa sirvió para integrar posturas políticas muy diversas.

–Sí, fueron años en los que afloró una realidad que nadie quería reconocer. El día de la legalización del PCE, el Sábado Santo de 1977, llegaron a la Trinidad gente que alardeaba de ser del partido. El capataz sacó su carné de militante y dijo: “para comunista de toda la vida, yo”. Pero que en la Semana Santa conviven todas las tendencias políticas ya lo había contado Núñez de Herrera en los años 30. Cabe hasta el ateísmo.

–Usted es historiador del Arte y da clases en un instituto. ¿Se cuenta bien la disciplina?

–Sobre todo se cuenta poco, porque no es normal que España, pese a ser un país con un patrimonio tan rico, menosprecie tanto la enseñanza de la Historia del Arte. Esta asignatura debería estar presente en todos los cursos de la ESO y Bachillerato. Si no conocemos las cosas no las valoramos. Tenemos un gran museo de Bellas Artes que, además, es gratuito, pero está vacío todo el día. Estamos generando una sociedad que llena los centros comerciales y deja vacíos los museos. Somos capaces de formar colas para comernos un gofre con forma de pene, pero no para ir a una exposición.

Sevilla es una ciudad con un Renacimiento de primerísima calidad que, sin embargo, nunca se pone de manifiesto

–¿Y para qué sirve la Historia del Arte?

–Para saber interpretar las imágenes. Los jóvenes de hoy ven miles de imágenes al día pero son incapaces de analizarlas. Somos analfabetos si vamos por la calle, vemos una cruz blanca y negra repetida cuatro veces y no sabemos que es el escudo dominico. La Historia del Arte es muy importante para comprender la ciudad en la que nos movemos.

–¿Cuáles son las áreas del arte sevillano que aún no están los suficientemente investigadas?

–A pesar de lo mucho que hizo Vicente Lleó, creo que el Renacimiento sevillano todavía está por explotar. Sevilla es sin duda una ciudad con un Renacimiento de primerísima calidad y, sin embargo, nunca se pone de manifiesto. Si hablamos de ciudades renacentistas en Andalucía lo hacemos de Úbeda y Baeza, ¿y por qué no de Sevilla? Aquí trabajaron Martín de Gainza, Hernán Ruiz… las nuevas dependencias de la Catedral, el primer gran hospital renacentista, la gran cerámica de Pissano… la primera gran escuela sevillana fue el Renacimiento… Desgraciadamente, muchas veces se le puso una carcasa barroca que no nos deja ver lo que hay en el interior.

–¿Un tópico que haya que desterrar de la historia del arte en Sevilla?

–Abundando en la respuesta anterior, pensar que sólo somos barrocos. Desgraciadamente, en muchas ocasiones lo que somos es neobarrocos, un movimiento que sólo se queda con la carcasa exterior, con el recargamiento, y no entiende que el Barroco es un arte total y profundo. Hacer un paso barroco no es sólo colocarle una hojarasca. También hay otro tópico en torno a la pervivencia del elemento musulmán. Es mucho más limitada de lo que pensamos. Somos mucho más fruto del mundo cristiano medieval.

–¿Y un tópico en general?

–Lo de la Sevilla dual es una grandísima mentira. La ciudad siempre ha sido diversa. En el Renacimiento se hablaban quince lenguas por las calles. Nos quieren encorsetar entre lo moderno y lo rancio y la ciudad es mucho más que eso.

–Algunos creen que no hemos tenido mucha suerte con la arquitectura contemporánea.

–No terminamos de dar en la tecla, porque nos ha llegado una modernidad tardía y cutre. Me sorprenden los que defienden la comisaría de la Gavidia. Vale que es funcionalista, pero de una manera mediocre.

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