ANA ISABEL MORENO | Taurina “Soy partidaria de que en los colegios se enseñe cultura y el toreo lo es”

  • Fue la primera mujer presidenta de la plaza de toros de la Real Maestranza, cargo que ejerció durante 14 años y con el que se ganó el respeto y el aplauso de los aficionados

Ana Isabel Moreno, en su domicilio. Ana Isabel Moreno, en su domicilio.

Ana Isabel Moreno, en su domicilio. / MG

Ana Isabel Moreno Muela (Las Palmas de Gran Canaria, 1959) sienta su cátedra taurina en el bar Taquilla, uno de los garitos favoritos de los cabales para comentar los pormenores de las corridas en la Maestranza. Fue la primera mujer presidente de la Plaza de Toros de Sevilla, dignidad que ejerció durante 14 años y con la que se ganó el respeto y aplauso de un público tan temido como el que acude a los cosos. Taurina ‘empoderada’ por encima de todo, esta licenciada en Derecho ha desarrollado una importante carrera funcionarial y, actualmente, es directora general de Contratación y Gobierno Interior del Ayuntamiento de Sevilla. También ha sido profesora de Derecho Taurino en la Universidad de Sevilla y presidenta del Consejo de Defensa de la Competencia de Andalucía.

–¿Cómo se aficionó a los toros? Y, sobre todo, ¿por qué no ha desertado como tantos otros?

–Me aficioné a los toros yendo a la plaza con Manolo Grosso, mi marido, y con Pepe Sánchez Mejías. Ellos iban a los toros desde que tenían 9 o 10 años, el padre de Pepe era sobrino de Ignacio Sánchez Mejías y estuvo toda su vida relacionado con el mundo taurino. Mi primer abono fue con ellos en la grada 9, donde estábamos los jóvenes, los viejos y la banda de música. El año que nos pidieron el DNI para renovar el abono joven, nos cambiamos a la grada 3, ya con un abono de adultos. Recuerdo haber aprendido muchísimo en esa grada 9, con antiguos banderilleros, hijos de trabajadores de la plaza y un público variopinto.

–¿Ser mujer y taurina es estar doblemente marginada?

–Más que marginada, yo diría que invisible. Las mujeres nunca han existido en el mundo taurino más que como acompañantes de los protagonistas de la fiesta, que siempre han sido los hombres. El mundo taurino es masculino hasta decir basta, algo que socialmente ya es reprochable. Hay una ausencia sistemática de mujeres en los puestos de decisión. Es tiempo de que esto cambie.

–¿Cómo le explica a su hija y nietas el arte de Cúchares? Debe ser difícil en los tiempos de la sensibilidad Disney.

–A mi hija intenté explicárselo directamente en la plaza y hasta los 11 años la he llevado a todas las novilladas, hasta que dijo que no quería más, que se aburría. No es taurina, aunque tampoco anti. A mi nieta, que solo tiene 3 años, se lo pongo en la tele, y estoy esperando que sea un poco mayor para llevarla a la plaza.

–¿Es partidaria de enseñar tauromaquia en los colegios?

–Soy partidaria de que se enseñe cultura en los colegios y el toreo lo es.

–Ahora dicen que la tauromaquia es de derechas. Sin embargo, su generación está llena de progres aficionados. ¿Qué le ha pasado a la izquierda actual con los toros?

–No tengo respuesta a esa cuestión, pero comparto esa apreciación, cada vez hay un alejamiento mayor del mundo taurino y lo que ocurre en estos casos es que el hueco lo van llenando otros.

Soy torerista. Aguado es nuestra gran esperanza blanca, aunque yo no retiraría a Morante

–Vox se ha convertido en el principal defensor de la Fiesta.

–Lo que hace VOX con la Fiesta me parece únicamente propaganda. No le he escuchado ningún análisis sobre la cuestión taurina, sólo el recurso fácil de que se le concedan subvenciones, pero el mundo del toro requiere de un planteamiento más profundo y riguroso. Me da la impresión de que se han querido incorporar a un movimiento que representa valores tradicionales, pero que es algo más que eso.

–En sus años como presidenta de la plaza de toros de Sevilla, ¿sufrió alguna vez el legendario machismo del mundo taurino?

–En principio fue una auténtica sorpresa ver a una mujer en el palco. Hubo algún rechazo, todo hay que decirlo, pero con el tiempo me he sentido respetada e, incluso, apreciada. Me ha sorprendido gratamente y hasta emocionado la respuesta de algunos aficionados ante la noticia de que no continuaba en el palco maestrante. Algunos periodistas taurinos han sido muy generosos y se lo agradezco de corazón, creo que he cumplido con lo que se me pidió y me voy orgullosa de la labor realizada.

–-¿Le pitó el respetable alguna vez?

–El respetable me ha pitado muchas veces (alguna con razón, todo hay que decirlo), en la mayoría de los casos por la no concesión de trofeos.

–¿Es la Maestranza una plaza fácil?

–No creo que la de Sevilla sea una plaza fácil. La tan manida “categoría” de la plaza la marca el público que asiste a ella y a veces los presidentes nos erigimos en salvaguarda de esa “categoría”. Es complicado, porque la labor presidencial fundamental es interpretar lo que el público demanda.

–-Los de mi generación que no estamos muy en el ajo taurino apenas conocemos a mujeres matadoras. Cristina Sánchez, a lo sumo. Antaño, incluso, fueron personajes un tanto circenses. ¿Cree que será posible el surgimiento alguna vez de alguna figura importante?

–Las mujeres toreras siempre lo han tenido muy difícil. A principios del siglo XX, con el primer reglamento taurino, se les prohibió torear y esa prohibición llegó hasta bien entrada la mitad del siglo. La gran rejoneadora Conchita Cintrón fue sancionada cuando en su despedida de los ruedos puso pie en tierra para matar el último toro. No pierdo la esperanza de que haya alguna mujer, como Rocío Romero, preparada para ser una próxima figura del toreo.

La sensibilidad actual prefiere no ver la muerte, que se oculta y aparta para ignorarla

–¿Rocío Romero? Perdón por mi mucha ignorancia. ¿Me puede hablar de ella?

–A Rocío la conocí cuando se presentó en las novilladas de promoción de Sevilla y, tal vez era merecedora del triunfo en esa edición. Luego coincidimos en una charla taurina que organizó la Universidad de Sevilla, espero que siga con ganas porque tiene un futuro prometedor.

–¿Y las aficionadas? Siempre las hubo de categoría: Mariví Romero nos enseñó a muchos de los niños de la Transición a distinguir una media verónica de un natural. Y todo con fondo musical de los Bee Gees.

–Las mujeres siempre hemos sido invisibles. Siempre hemos estado ausentes de las tertulias, y en las crónicas se hacía referencia a las “bellas señoritas” en el tendido, como un adorno más de la fiesta. Afortunadamente eso ha cambiado, aunque todavía a algunos les cuesta trabajo pensar en mujeres cuando se habla de aficionados.

–¿Y el periodismo taurino? ¿Se puede hablar, valga la broma, de una crítica de género?

–Hoy hay bastantes mujeres que hacen crónica taurina y eso ayuda a que se normalice su presencia en las plazas. En Sevilla, hasta hace poco en ABC, escribía Lorena Muñoz y aunque no se puede decir que existe critica de género, siempre se nota cuando hay otras formas de entender el toreo. Por eso es importante la presencia de mujeres en los distintos estamentos, incluidos los palcos, porque aún queda mucho camino por recorrer.

–Imagino que como buena sevillana será torerista. ¿Es Aguado el nuevo profeta?

–Como buena sevillana nacida en Las Palmas de Gran Canaria, soy torerista. Y Aguado es nuestra gran esperanza blanca, aunque yo aún no retiraría a Morante, le queda mucho por hacernos disfrutar.

–¿Qué ha significado la irrupción de Pablo Aguado en los ruedos?

–Aguado ha supuesto una renovación de las esencias clásicas del toreo sevillano, esa naturalidad, que tanto nos gusta, la composición relajada del cuerpo y la elegancia de movimientos hace que el aficionado se embelese viéndolo torear, ojalá tenga suerte y el toro lo respete, para que podamos ver a un torero en plenitud y madurez. Que aparezcan figuras como él le hace mucho bien a esta fiesta tan denostada en estos tiempos.

–-La mejor faena (taurina) de su vida.

–Muchas... corridas completas como la encerrona de José Tomás en Nimes; faenas como una de Ojeda en la feria de Málaga del 85, la de Pepe Luis en Huelva, Julio Aparicio en Algeciras, la de Aguado el año pasado en Sevilla... y Curro Romero: él Pepe Luis y pocos más son el paradigma de lo que se llamó la Escuela Sevillana. Curro forma parte del imaginario colectivo de todos los aficionados a los toros, sean de Sevilla o de Calatayud, y como todos los genios, son únicos e irrepetibles. ¡Larga vida a Curro Romero!

Los toros representan una forma de vida que cada vez va quedando más relegada al ostracismo

–¿Cómo le explicaría a un niño el toreo de Curro?

– Unos amigos italianos vinieron a Sevilla y estaban muy interesados en ver una corrida de toros, así que los llevamos a la plaza y vieron la última salida por la puerta del príncipe de Curro Romero. Honestamente, siempre me pareció que eran incapaces de comprender lo que significaba, porque parte de la magia del toreo está llena de la frustración y la espera y el deseo de poder contemplar una obra sublime. Las obras de arte lo son más en cuanto que son únicas, la sensación que te provoca y la incertidumbre de si se va a producir. Esa impresión de vacío que se instala en tu interior después de ver una faena inmensa, eso es lo que a mi me pasaba ante una faena de Curro Romero.

–Antes era muy normal ver toros en la tele. Algunos aficionados, incluso, apenas habían pisado una plaza. Sin embargo, cada vez están más escondidos en los medios.

–La prensa taurina y los medios de comunicación han sido determinantes a la hora de la difusión de los toros. Cuando solo había periódicos, los cronistas taurinos tenían una importancia capital, baste recordar las históricas polémicas entre toreros y críticos y taurinos. Después de la guerra, el NODO fue el reflejo social de los toros y, posteriormente, la televisión socializó la comunicación taurina. Efectivamente, hay muchos aficionados que únicamente habían tenido oportunidad de ver toros a través de la tele.

–Pero...

–Con el tiempo, la prensa taurina especializada ha pasado de cubrir páginas casi diarias de información a la reducción que hoy vemos. Cada vez hay menos reseñas y revistas especializadas. Mención aparte merece el canal de pago de toros, al que estamos enganchados los aficionados y que nos permite ver corridas en toda la geografía española y, últimamente, en Francia y México. Si las televisiones públicas no retransmiten festejos se produce una pérdida de potenciales aficionados jóvenes.

–¿Qué le pasa por el cuerpo cuando ve que alguien se permite llamar “asesino” a un aficionado taurino?

–Los movimientos animalistas se están expandiendo por la sociedad, llegando a proclamar la igualdad de derechos de los animales y los hombres. Me parece un sinsentido. Reconozco que me repugna esa postura, aún sabiendo que los toros tienen cada vez menos futuro, porque la sensibilidad actual prefiere no ver la muerte, que se oculta y aparta para ignorarla. Hoy es preferible que los niños crean que los pollos nacen en bandejas de supermercado a que sean conscientes de que tenemos que alimentarnos de ellos y que los criamos para que luego podamos comer. Criar a un animal estabulado, engordándolo toda la vida para que nos sirva de alimento no es más ético que criar un toro en la libertad de la dehesa y que muera en la plaza defendiendo su instinto y, lo que Francis Wolff explica magníficamente, su ética.

Comentar la corrida con los amigos, en el bar Taquilla, es uno de los placeres que nos depara la temporada taurina

–¿Es optimista con el futuro de la Fiesta?

–Desgraciadamente soy bastante pesimista, me da la impresión de que defendemos algo anacrónico y que el futuro va por otros derroteros. Me temo que cuando mi nieta crezca los toros van a ser una anécdota “salvaje” en un mundo donde las proteínas animales se obtengan en laboratorios o todos sean por obligación veganos. Los toros representan una forma de vida que cada vez va quedando más relegada al ostracismo, la burguesía agraria que los sustentan va camino de desaparecer y ser sustituida por otras formas de explotación de la tierra y la ganadería y sus recursos. La pasión que siempre ha despertado en todas las clases sociales, incluidas las más desfavorecidas –a las que Joselito El Gallo quería aproximar a la fiesta a través de grandes plazas, las monumentales– se va perdiendo. En la actualidad, los toros son un espectáculo elitista, caro, incapaz de atraer a gente joven para sobrevivir.

–Dicen que el mayor enemigo de la tauromaquia está dentro.

–Es común entre los taurinos decir que el enemigo de los toros está dentro y la verdad es que creo que algo de razón tienen. El trabajo que actualmente hace la Fundación del Toro de Lidia llega con treinta años de retraso. El mundo taurino ha creído siempre que ignorando los ataques que lo amenazaban, se restauraría el orden natural. Con eso hemos conseguido que no se hable de toros en los colegios, que no se hable de toros en la Universidad, que las empresas teman patrocinar los toros por perder clientes, cosa que ocurrió con la Feria del Toro de Sevilla. Hoy defender en Europa los toros es imposible, incluso en la PAC se excluyen las explotaciones ganaderas de bravo. Todos hemos dejado que esto ocurra y creo que no tiene marcha atrás. Las tímidas reacciones que se han ido poniendo en marcha, como la declaración de la tauromaquia como patrimonio inmaterial, no van a ser suficientes, me temo.

–Suelo decir que lo peor no es que desaparezcan los toros, sino los taurinos. Son personajes interesantes, de los que ya hay pocos.

–Siempre he dicho que, después de ver toros, lo que más me gusta es hablar de toros. Comentar la corrida con los amigos, en el bar Taquilla, es uno de los placeres que nos depara la temporada taurina. Este año ya no presido, después de catorce temporadas, pero allí estaré después de cada festejo, cuando el coronavirus nos lo permita. Entre la afición taurina hay de todo, pero somos gente que nos gusta charlar, algunas veces acaloradamente, para defender nuestra opinión o poner en común nuestros puntos de vista, en eso las tertulias taurinas han sido fundamentales y aún lo siguen siendo, aunque sean también cada vez más anacrónicas. El paradigma del aficionado, sentencioso y culto lo representa Andrés Martínez de León, miembro de la Generación del 27, y que firmaba sus crónicas taurinas como Oselito. Ojalá hubiera muchos Oselitos y menos intransigentes y detractores de algo que forma parte de nuestra tradición, nuestra cultura y nuestra historia

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